OMPRESS-BANGKOK (21-11-19) “Esta tierra tiene como nombre ‘libertad’. Sabemos que esta sólo es posible si somos capaces de sentirnos corresponsables unos de otros y superar cualquier forma de desigualdad. Es necesario entonces trabajar para que las personas y las comunidades puedan tener acceso a la educación, a un trabajo digno, a la asistencia sanitaria, y de este modo alcanzar los mínimos indispensables de sustentabilidad que posibiliten un desarrollo humano integral”, así se ha dirigido el Papa Francisco en la sede del gobierno de Tailandia, a los responsables políticos y representantes de la sociedad civil, comunidades religiosas y miembros del cuerpo diplomático.

En su primer discurso oficial de su viaje a Tailandia, ayer insistía en Papa en no olvidarse de los más vulnerables, recordando las lacras de la pobreza y la explotación sexual. “pienso en todas aquellas mujeres y niños de nuestro tiempo que son particularmente vulnerados, violentados y expuestos a toda forma de explotación, esclavitud, violencia y abuso”. Y manifestaba su “reconocimiento al gobierno tailandés por sus esfuerzos para extirpar este flagelo, así como a todas aquellas personas y organizaciones que trabajan incansablemente para erradicar este mal y ofrecer un camino de dignidad”. En su intervención, en español habló del “grito de tantos hermanos y hermanas nuestros que anhelan ser liberados del yugo de la pobreza, la violencia y la injusticia”.

Tras abandonar la sede oficial del gobierno, realizó una visita al Patriarca Supremo Budista, en el Templo Wat Ratchabophit Sathit Maha Simaram, de la capital tailandesa. En su intervención el Papa Francisco habló de la esperanza como valor común: “Cuando tenemos la oportunidad de reconocernos y valorarnos, incluso desde nuestras diferencias, ofrecemos al mundo una palabra de esperanza capaz de animar y sostener a los que resultan siempre más perjudicados por la división. Posibilidades como estas nos recuerdan lo importante que es el que las religiones se manifiesten cada vez más como faros de esperanza, en cuanto promotoras y garantes de fraternidad”.

En la visita que realizó al Hospital St. Louis, fue acogido en un clima de fiesta por centenares de personas, entre profesionales sanitarios, enfermos y familiares de éstos. “Precisamente en el ejercicio de la caridad es donde los cristianos somos llamados no sólo a transparentar nuestro ser discípulos misioneros, sino también a confrontar nuestro seguimiento y el de nuestras Instituciones”, les decía a las enfermeras, médicos y a todo el personal de este hospital católico. Al celebrarse los 120 años de la fundación de este hospital católico, el Papa mostraba su agradecimiento: “¡Cuántas personas fueron calmadas en su dolor, consoladas en sus agobios e incluso acompañadas en su soledad! Al dar gracias a Dios por este don de vuestra presencia durante estos años, les pido para que este apostolado, y otros similares sean, cada vez más, señal y emblema de una Iglesia en salida que, queriendo vivir su misión, se anima a llevar el amor sanador de Cristo a todos los que sufren”. Tras su intervención visitó a los enfermos y discapacitados del centro, con momentos de gran ternura y alegría.