OMPRESS-ROMA (7-05-18) El Papa Francisco ha tenido palabras de aliento para los miembros del Camino Neocatecumenal reunidos en el Encuentro Internacional de Tor Vergata, cerca de Roma. Un encuentro que celebra el 50 aniversario del inicio del camino, una oportunidad, como ha dicho el Papa, para decir gracias, “a Dios y también a vosotros”, porque “habéis escuchado la llamada del Señor a vivir el Evangelio y a evangelizar”.

Tras hacer referencia a los muchos motivos para dar gracias, el Papa se dirigió a los miembros del Camino que van a partir a la misión: “Falta todavía un gracias importante: a los que vais a ir en misión. Siento que tengo que deciros algo, de todo corazón, precisamente sobre la misión, sobre la evangelización, que es la prioridad de la Iglesia hoy. Porque misión es dar voz al amor fiel de Dios, es anunciar que el Señor nos quiere y no se cansará nunca de mí, de ti, de nosotros y de este mundo nuestro, del que, quizás, nosotros nos cansamos. Misión es donar lo que hemos recibido. Misión es cumplir el mandato de Jesús que hemos escuchado y sobre el que me gustaría reflexionar con vosotros: ‘Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos’ (Mt 28, 19)”.

El Papa Francisco se centró en ese “id”, explicando las exigencias de esta llamada que “resuena en cada rincón de la vida cristiana”. Porque “para anunciar es necesario renunciar. Solo una Iglesia que renuncia al mundo anuncia bien al Señor”.

“‘Id’ es el verbo de la misión y todavía nos dice algo más: que se conjuga en plural. El Señor no dice: ‘ve tú, después tú, después tú…’, sino ‘id’ ¡juntos! Plenamente misionero, no es quien va solo, sino quien camina junto con otros. Caminar juntos es siempre un arte que se aprende cada día”.

Y sobre el otro verbo de la frase de Jesús sobre la misión: “Jesús resucitado dice: ‘Haced discípulos’. Aquí está la misión. No dice: conquistad, ocupad, sino ‘haced discípulos’, es decir, compartid con los otros el don que habéis recibido, el encuentro de amor que os ha cambiado la vida. Es el corazón de la misión: testimoniar que Dios nos ama y que con Él es posible el amor verdadero, el que lleva a dar la vida en todas partes, en la familia, en el trabajo, como personas consagradas, como esposos”.

Les decía el Papa a los miembros del Camino que está en su “ADN” la vocación de anunciar en familia. Y les pedía que llevaran esa atmósfera familiar a los lugares desolados y ayunos de afecto. Los misioneros “ven con el corazón” a todos los pueblos, “con una mirada que aprecia, un acercamiento que respeta, una confianza que tolera. Id así en misión, pensando que ‘jugáis en casa’. Porque el Señor es de casa en cada pueblo y su Espíritu ya ha sembrado antes de vuestra llegada”.

“Querido hermanos y hermanas”, terminaba el Papa, “vuestro carisma es un gran don de Dios para la Iglesia de nuestro tiempo. Agradezcamos al Señor estos cincuenta años: ¡un aplauso a los cincuenta años!”.

 

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