OMPRESS-ROMA (21-05-18) Ayer domingo de Pentecostés se hacía público el Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2018. Una jornada y un mes, el octubre misionero, que verán la celebración del sínodo sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. De ahí que el Papa comience el mensaje para la Jornada de las Misiones, el DOMUND, con un “queridos jóvenes”, y a ellos se dirige especialmente, porque “la fe cristiana permanece siempre joven cuando se abre a la misión que Cristo nos confía”.

“Cada hombre y mujer es una misión, y esta es la razón por la que se encuentra viviendo en la tierra”, dice el Papa Francisco en el mensaje, y “nadie mejor que los jóvenes percibe cómo la vida sorprende y atrae”.

Pide a los jóvenes que vivan con alegría el desafío de la propia responsabilidad ante el mundo, como han hecho los misioneros: “He visto mucho sufrimiento, mucha pobreza, desfigurar el rostro de tantos hermanos y hermanas. Sin embargo, para quien está con Jesús, el mal es un estímulo para amar cada vez más. Por amor al Evangelio, muchos hombres y mujeres, y muchos jóvenes, se han entregado generosamente a sí mismos, a veces hasta el martirio, al servicio de los hermanos. De la cruz de Jesús aprendemos la lógica divina del ofrecimiento de nosotros mismos, como anuncio del Evangelio para la vida del mundo. Estar inflamados por el amor de Cristo consume a quien arde y hace crecer, ilumina y vivifica a quien se ama. Siguiendo el ejemplo de los santos, que nos descubren los amplios horizontes de Dios, os invito a preguntaros en todo momento: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?»”.

En este mensaje vuelve el Papa a recordar que la transmisión de la fe se realiza por el “contagio” del amor: “La propagación de la fe por atracción exige corazones abiertos, dilatados por el amor. No se puede poner límites al amor: fuerte como la muerte es el amor. Y esa expansión crea el encuentro, el testimonio, el anuncio; produce la participación en la caridad con todos los que están alejados de la fe y se muestran ante ella indiferentes, a veces opuestos y contrarios”.

En sintonía con el sínodo de los jóvenes y la vocación explica el Papa que “la misión hasta los confines de la tierra exige el don de sí en la vocación que nos ha dado quien nos ha puesto en esta tierra. Me atrevería a decir que, para un joven que quiere seguir a Cristo, lo esencial es la búsqueda y la adhesión a la propia vocación.

Tras hacer mención a la experiencia de voluntariado misionero de muchos jóvenes, el Papa recuerda a la institución que impulsa la Jornada de las Misiones: “las Obras Misionales Pontificias nacieron de corazones jóvenes, con la finalidad de animar el anuncio del Evangelio a todas las gentes, contribuyendo al crecimiento cultural y humano de tanta gente sedienta de Verdad. La oración y la ayuda material, que generosamente son dadas y distribuidas por las OMP, sirven a la Santa Sede para procurar que quienes las reciben para su propia necesidad puedan, a su vez, ser capaces de dar testimonio en su entorno. Nadie es tan pobre que no pueda dar lo que tiene, y antes incluso lo que es”.