OMPRESS-SANTIAGO DE COMPOSTELA (5-09-19) El presidente internacional de las Obras Misionales Pontificias, Mons. Giampietro Dal Toso, impartió ayer en Santiago de Compostela la conferencia “De la Maximum Illud al Mes Misionero Extraordinario”. El marco de la conferencia ha sido las Jornadas de Teología convocadas por el Instituto Teológico Compostelano, que están teniendo lugar estos días en torno a esta cita misionera, convocada por el Papa Francisco.

Mons. Dal Toso explicaba que el próximo 30 de noviembre se conmemoran los cien años de la promulgación de la Carta apostólica Maximum illud del papa Benedicto XV en 1919. Este acontecimiento histórico ha servido al Papa Francisco para insistir una vez más, gracias al Mes Misionero Extraordinario, para que “la conciencia, el conocimiento y la responsabilidad misionera vuelvan a ser parte de la vida ordinaria de todo el Pueblo santo de Dios”. Se trata de una idea central de su pontificado, explica el prelado vaticano que se plasma en las palabras del Papa Francisco: “Nosotros no tenemos un producto que vender —no tiene nada que ver con el proselitismo, no tenemos un producto que vender—, sino una vida que comunicar: Dios, su vida divina, su amor misericordioso, su santidad. Y es el Espíritu Santo que nos envía, nos acompaña, nos inspira: es él el autor de la misión. Es él quien conduce la Iglesia, no nosotros”.

El presidente de OMP decía que “el inicio del siglo XX fue de una gran efervescencia misionera, sobre todo con las misiones en el lejano Oriente, un fervor que tuvo también su reflejo aquí en España”, y fue, “en ese contexto en el que la Maximum illud supuso el impulso definitivo a una profunda transformación de la manera de entender y de realizar la misión, que cambiaría la historia”.

El papa Francisco al convocar la celebración de este aniversario hacía un paralelismo entre la situación del mundo y de la Iglesia en tiempos de Benedicto XV y la actual. Así “el hito trascendental de la carta apostólica Maximum illud es la llamada a volver a las raíces de la misión, que no puede ser otra que el Evangelio de Jesucristo”. Aquella carta, explicaba Mons. Dal Toso, “ponía ante la mirada de la Iglesia entera la ingente labor misionera que aún falta por completar en el mundo”.

“El papa Francisco”, explicaba, “recuerda el hecho que Benedicto XV en la Maximum illud había puesto de manifiesto cómo la labor de los misioneros depende de los medios espirituales coherentes con el evangelio y no de los materiales. Pobreza, preparación, conocimiento de las lenguas del lugar, santidad de vida, caridad y mansedumbre y confianza en Dios, son -para Benedicto XV- las características de la vida del misionero”.

No es posible silenciar, apuntaba Mons. Dal Toso, “el papel que el papa Benedicto XV atribuyó a las Obras de Propagación de la Fe, de la Santa Infancia y de san Pedro Apóstol, así como a la Unión Misional del Clero”. En la misma línea de pensamiento “el papa Francisco pretende devolver a las Obras Misionales Pontificas el papel que deben tener en la promoción de la evangelización en el mundo entero. Para el Santo Padre las OMP constituyen la red mundial de oración y caridad misionera del Sucesor de Pedro. Traigo aquí este hecho porque es necesario tenerlo en cuenta para comprender cuál es la misión de la Iglesia. Si ella es universal, es necesario contar con el mecanismo también universal que la promueva, dirija y fomente en todas sus dimensiones; éste es la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y las Obras Misionales Pontificias”.

Es el pueblo de Dios el que tiene que tomar parte en la misión de la Iglesia. Mons. Dal Toso señalaba que es lo que “desarrolla el papa Francisco ampliamente en la primera parte del capítulo tercero de la Evangelii gaudium (‘El anuncio del Evangelio’) que lleva por título ‘Todo el Pueblo de Dios anuncia el Evangelio’. Por otro lado, tampoco se puede pasar por alto la referencia a lo que el papa Francisco denomina la ‘mundanidad espiritual’: cuando la misión es algo ajeno al cristiano, éste adopta el estilo de vida del mundo olvidando la llamada a la misión ínsita en su bautismo y la Iglesia pierde el ardor evangelizador propio de su naturaleza misionera”.

Existe, explicaba, “una profunda continuidad -como no podría ser de otra manera- entre la propuesta que el Papa hace sucintamente para el Mes Misionero Extraordinario y la propuesta de la Evangelii gaudium. Se puede decir que el Mes Misionero Extraordinario es una manera muy cercana a la realidad de las comunidades cristianas de poner en práctica lo esencial de la Evangelii gaudium, de ahí el empeño personal del Papa con su promoción, planificación y desarrollo”.

Y concluía Mons. Dal Toso: “A finales del siglo XIX en gran fervor misionero del pueblo de Dios hizo posible una gran obra misionera, uno de cuyos frutos más visibles es la Maximum illud; a principios del siglo XXI Dios nos está pidiendo alimentar este fervor misionero en el santo pueblo de Dios para que la misión universal de la Iglesia se extienda hacia aquellos nuevos confines que constituyen hoy las fronteras o periferias que tiene la Iglesia en la actualidad”.