OMPRESS-BRESCIA (21-10-20) Dotado con un presupuesto de 150.000 euros, el “premio Nobel misioneros” se otorga cada año en octubre, en la víspera del Domund, y este año ha reconocido a misioneros en la República Democrática del Congo, Papúa Nueva Guinea y Brasil.

Este pasado sábado, 17 de octubre, tuvo lugar la 30ª Edición del “Premio Corazón Amigo 2020”, conocido como en Italia como el “Nobel de los Misioneros”. Gracias a este premio, el padre Rinaldo Do IMC, la Hermana Caterina Gasparotto y el doctor Gabriele Lonardi, podrán continuar su labor misionera en la República Democrática del Congo, Papúa Nueva Guinea y Brasil respectivamente. El evento – informa el Diario de la Conferencia Episcopal Italiana, Avvenire – fue presentado por Nunzia Vallini, Directora del Diario de Brescia y de la red de televisión Teletutto, la ceremonia tuvo lugar en Brescia, Lombardía – Italia, en la Sala Libretti, sede del Diario de Brescia.

“Hombres y mujeres que confiando en la Palabra de Jesús se dedican generosamente, no en base a planes o estrategias políticas, sino movidos por una compasión que toca el corazón y abre los ojos a una humanidad que necesita escuchar, ser sanada y alimentada. Recordaremos a estas personas en la Jornada Misionera Mundial con el Premio del Corazón Amigo”, explicaba el padre Flavio Dalla Vecchia, Presidente de la ONG “Fraternidad Corazón Amigo”. Creado en 1990 por la Asociación Fraternidad Corazón Amigo Onlus para poner en valor el trabajo de evangelización y el compromiso social de la Iglesia en favor de los pobres, el “Nobel Misionero” dona un total de 150.000 euros al año a tres misioneros, que se destaquen por su labor en el mundo.

El primero de los galardonados este año ha sido el padre Rinaldo Do, Misionero de la Consolata. Ordenado sacerdote en 1984, vivió en España durante seis años y luego, en 1991, se fue al antiguo Zaire (República Democrática del Congo), un país africano que, en más de treinta años de misión, ha recorrido de norte a sur, dedicándose siempre a los pobres. Rinaldo ha pasado de los inmensos suburbios de Kinshasa, la capital, a la sabana de Doruma y a los bosques de Neisu, en el norte. Resistió a la malaria, el ébola y a las guerrillas de los rebeldes del norte. Pero, más allá de las dificultades, cultiva siempre el deseo de transmitir el valor y la fe a los más necesitados, distribuyendo biblias pero también bicicletas, perforando pozos, construyendo casas, escuelas, puestos de salud, centros de nutrición.

La hermana Caterina Gasparotto, la segunda galardonada, en 2005 se fue a Asia, a Filipinas, a la Isla de Mindanao, en las periferias de la ciudad de Davao, donde junto con otra hermana comenzó su vida misionera. En 2013 se trasladó a Papúa Nueva Guinea, donde la población vive principalmente en zonas rurales, a menudo completamente aisladas, con un modo de vida tradicional. Hay muchos problemas sociales: analfabetismo, alta mortalidad infantil, así como la incidencia del virus del VIH. Otro problema grave es el abuso del alcohol y las drogas, que también son utilizadas por los niños para combatir el hambre. Caterina comenzó una misión en la estación de Bereina con una escuela primaria, una escuela para adultos, una imprenta para imprimir libros escolares, una panadería, un pozo y una huerta para las mujeres cultivaren. Dándoles un poco de trabajo, pueden proporcionar comida a los niños y a los que viven alrededor de la Misión.

El doctor Gabriele Lonardi, por su parte, llegó a Brasil en 1980 para un proyecto de cooperación de una ONG de Padua. Trabajó en el Estado de Espírito Santo y luego en Piauí, en el noreste del país. Cuando tuvo la oportunidad de viajar al Amazonas, se mudó a Lábrea, en el extremo opuesto de Brasil. La Prelacía de Lábrea tiene como obispo a Mons. Fray Santiago Sánchez Sebastián. Durante años, el Dr. Lonardi ha estado haciendo largos viajes en esas tierras remotas para cuidar la salud de la población que no tiene acceso a los servicios de salud. Cura la malaria, la tuberculosis, la anemia, la filariosis (parasitaria), la lepra y las verminosas que atacan principalmente a los niños. Las peores enfermedades tropicales son transmitidas por insectos y agravadas por el clima, las condiciones de higiene y la falta de medicamentos y hospitales.

Con los 150.000 euros del premio “Corazón Amigo”, los tres “ganadores” ya saben lo que van a hacer: construcción de cañerías y sistemas de alcantarillado en Kinshasa (República Democrática del Congo), ayuda a los pobres de la diócesis de Bereina (Papúa Nueva Guinea) y la atención sanitaria a la población del río Javari (Brasil). Como siempre hacen los misioneros, todo para los demás.