OMPRESS-GAMBIA (3-02-21) Se llamaba Joseph Charles Mendy, y fue el primer sacerdote gambiano formado y ordenado en el país. Murió jovencísimo y hoy 13 jóvenes siguen el ejemplo de quien fuera considerado un santo por cristianos y musulmanes. La Newsletter de la diócesis de Banjul le ha dedicado su portada.

Gambia tiene poco más de 10.000 kilómetros cuadrados, más o menos el tamaño de Navarra, lo que convierte a este país en el más pequeño de África, si no se tiene en cuenta las islas país como Mauricio o Cabo Verde. Los primeros católicos, emigrantes africanos, llegaron a Banjul, la actual capital entonces llamada Bathurst, en 1816, pero no fue hasta 1849 que dos misioneros se establecieron de manera permanente. Después serían los padres del Espíritu Santo quienes se harían cargo de la misión. Una misión durísima, sobre todo por las enfermedades que hacían estragos entre los misioneros europeos. En los años 40 y 60 del siglo XIX, de los 108 misioneros del Espíritu Santo enviados a África, 42 murieron en un breve tiempo tras llegar a la misión, y 34 tuvieron que abandonarla enfermos. Sólo 32 fueron capaces de permanecer en el continente. Por eso, fue todo un éxito cuando se ordenó el primer gambiano, el padre Samba, en 1869. Pero hubo que esperar otros 55 años hasta que se ordenara el segundo.

El padre Joseph Charles Mendy fue ordenado el 22 de junio de 1924 en la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, que se había terminado hacía relativamente poco. Nunca antes la Iglesia católica en Gambia había tenido una celebración tan grande. Nunca había habido tantos sacerdotes reunidos en torno a ningún otro acontecimiento, y la catedral estaba a rebosar. Los festejos duraron todo el día, tras la celebración eucarística de la ordenación, incluso con una procesión con el Santísimo Sacramento. Hasta la suave lluvia del comienzo del día se vio como una bendición.

Después, según cuenta la historia oral de la Iglesia en Gambia – es África, lo importante siempre se transmite de modo oral – el padre Mendy vivió una vida de santidad, en la que lo primero era la oración y el cuidado y cercanía a los más pobres. Todo el mundo lo percibía como un “hombre de caridad”. Daba todo a los demás y siempre estaba a su disposición… y cuando no lo estaba incluso dice, la misma tradición oral, que muchos que llegaron a su parroquia sin avisar, lo descubrieron levitando mientras rezaba… Lo cierto es sólo vivió 8 año tras su ordenación. En julio de 1932, sometido a una operación, por problemas intestinales, pero falleció mientras era operado. La campana de la iglesia dio la triste noticia a la comunidad católica y a toda la población. Tanto musulmanes como católicos lo consideraron un santo. Un ejemplo de sacerdote misionero, y son muchos los testimonios de los misioneros de las congregaciones religiosas presentes en Gambia que así lo consideraban.

Hoy, noventa años después de su muerte, el espíritu sigue suscitando vocaciones en este pequeño país. 13 seminaristas gambianos acuden cada año a dos seminarios de países cercanos. La Iglesia de Gambia es muy pobre para mantener un seminario. Cuentan con la ayuda de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, una de las cuatro Obras Misionales Pontificias, la que tiene como objetivo el sostenimiento de las vocaciones en los países de misión. Cada año San Pedro Apóstol les hace llegar 6.000 dólares para sus viajes hasta Freetown, en Sierra Leona, para aquellos que están en sus primeros años de formación, y para los más avanzados, para su traslado a Accra, en Ghana. Ambos seminarios, que cuentan casi con 250 seminaristas de África occidental, tanto el de Freetown como el de Accra, son sostenidos también cada año por esta Obra Pontificia que cuenta con la generosidad hacia las vocaciones de cientos de católicos de todo el mundo. Curiosamente los dos seminarios están dedicados a quien fuera el apóstol de las gentes, San Pablo. Así que los seminaristas de Gambia tienen a dos grandes apóstoles a su lado – San Pedro y San Pablo – y también al padre Mendy…