OMPRESS-TOGO (4-06-19) La misionera comboniana Loredana Dalla Libera escribe sobre la mujer en África, y su “ritmo”. Es la experiencia de esta misionera que ha estado en varios países de África, como Togo, o la República Democrática del Congo, donde vivió tres años entre los pigmeos Bambuti de Mungbere:

“Estamos en el corazón de África, en un pueblo en medio de la selva. Este pueblo es muy ruidoso, alegre… porque en él viven hombres, pero sobre todo muchas mujeres y niños… ¡tendrías que verlos!, es algo contagioso, es MUSICA… y es en este contexto en el que me encontré cuando llegué a Mungbere.

Fue fácil tomar contacto con algunas mujeres que ya había visto que eran muy dinámicas. Un grupito de 5 mujeres, con las cuales iniciamos un intercambio sobre la realidad de la mujer africana hoy en la sociedad. Fueron dos semanas en las que nos enriquecimos mutuamente sobre el significado de ser mujer y de ser promotoras de justicia y paz en una sociedad que no tiene en cuenta aún a la mujer como aquella que es el pilar de la familia, de la educación… en definitiva, de la sociedad.

Así iniciamos y después contactamos con otras mujeres de la Iglesia católica, protestantes y también otras que se reunían y llevaban adelante otras iniciativas locales. Comenzamos una formación para todas, un intercambio de los problemas, de las iniciativas, de las necesidades…

Fue increíble constatar cómo las mujeres respondieron a nuestra invitación. Tenían necesidad de hablar, de contar, de compartir aquello que llevaban en el corazón, los sufrimientos, intentar comprender y sobre todo el deseo de querer aprender a leer y a escribir. Fue una experiencia bellísima. Veía mujeres que tenían una gran fuerza interior, pero que ni ellas mismas eran conscientes de eso. Ellas mismas tenían miedo de decirse a sí mismas que valían, de hablarlo con otras, de sentirlo… porque no sabían cómo iban a ser interpretadas.

Creamos un grupo de mujeres a las que llamamos MUJERES EN MOVIMIENTO sobre los derechos humanos, sobre los derechos de la mujer, de los niños… sobre las realidades políticas del país y de la sociedad en general. Esto les permitió al inicio salir a los pueblos más cercanos para compartir con otras mujeres aquello que habían aprendido y formar así a otras mujeres para que fuesen capaces también de hacer oír sus voces. Pero sobre todo hacerles conocer la potencialidad de todas estas mujeres, conscientes de que también para ellas es importante y urgente un cambio social.

Fue un despertar de tanta gente buena, de estas mujeres congoleñas, que hizo que saliesen adelante tantas iniciativas que subrayaban el valor de ser mujer.

Iniciaron así cursos de alfabetización, fiestas dedicadas a la mujer como el día 8 de marzo, en el que se organizaban debates sobre problemáticas sociales, sobre salud, educación, actividades deportivas, culinarias, danza y música… ¡Actividades que no se terminaban!

Pero este grupo tiene una identidad propia, que es la de luchar y denunciar todo tipo de violencia y de injusticias que se produzcan sobre la mujer. Se organizan también marchas de luto y de protesta contra las masacres, secuestros, violencia contra las mujeres… todo esto se vivía en los pueblos lejanos al nuestro, pero eran siempre nuestras mujeres, nuestra gente. Nos vestíamos con tantos colores pero cada una llevaba un pañuelo negro para recordar a todas estas víctimas de la violencia.

Así es la mujer africana que ha sabido jugárselo todo y confiar en Aquel que le decía que dentro de ella hay tanta fuerza, que en ella está el corazón de la vida y que este corazón no para nunca, nunca, nunca de latir…

Las mujeres africanas me han hecho sentir este ritmo de la música que se percibe en todos sus gestos, en todas sus acciones, en todo aquello que ellas son. Quien llega a entender el ritmo de las mujeres de África, no puede olvidar nunca más África”.