OMPRESS-CHILE (4-03-21) “La solidaridad está en el servicio, sobre todo de los más vulnerables”, dice el misionero Félix Zaragoza, natural de Villacañas, provincia de Toledo, ante el momento que está viviendo su país de acogida, Chile. Este país fue uno de los países en América Latina en los que hubo una primera presencia de sacerdotes diocesanos de Toledo que, con la OCHSA (Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana), partían para vivir el compromiso misionero junto a cientos de comunidades cristianas. En la actualidad son 10 los misioneros y las misioneras que nacidos en la Archidiócesis de Toledo se encuentran en Chile: 5 consagrados y consagradas, 4 sacerdotes religiosos y solo un sacerdote diocesano, el padre Félix.

El misionero lleva ya 32 años de entregado servicio misionero en Chile y recuerda la gran colaboración misionera de sacerdotes de Toledo con la Iglesia chilena en las décadas de los 80 y los 90. Una colaboración que aún hoy se recuerda con mucho cariño. Aunque, como Zaragoza recuerda, “ahora quedo yo prácticamente solo”, hace memoria de la presencia de sacerdotes toledanos en la Diócesis de Talca, muy recordados, como el padre Juan López, también de Villacañas, y el padre Manuel Arranz, “que era de Tembleque, que tuvo un accidente por quitar una gotera en el templo y entregado en el servicio murió”. De Villacañas, recuerda que casi en la misma calle eran vecinos tres misioneros, el padre Juan López, el padre Antonio Buscos y el propio padre Félix. Una vocación misionera que surgió en una de las parroquias, la de Villacañas, que más viven y trabajan la animación misionera y la cooperación misionera en la Archidiócesis de Toledo.

El padre Félix también recuerda “con mucho cariño a Antonio Garzón, Jesús López-Rey, Santiago, José Antonio, que estuvieron también en Chile”, destacando que fue “todo un grupo que trabajó con todo el cariño y el entusiasmo misionero”. Tanto era el ímpetu misionero que transmitían que “en las comunidades, en las parroquias, preferían a los misioneros de Toledo”.

En la actualidad Félix Zaragoza se encuentra en la periferia de Santiago de Chile, “una ciudad que tiene la tercera parte de todos los habitantes del país”, y señala que su parroquia, “en la que estoy solo, es de una población joven, con más de 50.000 habitantes”. Pero, aunque como sacerdote está solo, sí que destaca “la colaboración de laicos”. De la actividad caritativa de la Parroquia Niño Dios de Malloco (http://ninodiosdemallocochile.blogspot.com/), situada en Malloco (Comuna de Peñaflor), destaca que, junto al templo parroquial, tienen un colegio con cerca de 2.000 alumnos, con más de 400 bebés que cuidar en la guardería; también señala que poseen una residencia-hogar con 70 “abuelitos, que en esta situación de pandemia no pueden recibir visitas y donde varios han fallecido”. Además, comparte que poseen una farmacia para poder facilitar medicamentos, un ropero y “ollas, como las llamamos aquí, para hacer comida y entregar a todas las personas, algo así como en Villacañas lo que se llamaba el comedor de la caridad”.

Estas acciones caritativas y samaritanas las hacen porque “creemos que la Iglesia, sobre todo en un tiempo de secularización tan fuerte como el que está teniendo Chile por distintas causas, debe hacer presencia de Jesús Samaritano”. Recuerda que “la solidaridad está en el servicio, sobre todo de los más vulnerables”.

Chile es uno de los países con más desigualdades en el mundo, aquí “hay gente que puede vivir como se puede vivir en Londres, en Madrid o Barcelona, pero hay otros que viven con mucha necesidad, que no tienen techo para dormir y que no tienen la comida de cada día”. En el ámbito educativo también indica que es importante el colegio, para que “la mamá pueda trabajar, porque muchas son mamás solteras, un 50% de los niños nacen fuera de una familia digamos establecida”. Y como el padre Félix indica “entorno a estas poblaciones marginales estamos nosotros, porque en los márgenes de la ciudad están los más necesitados, donde la pobreza es mayor”.

Indica que “de alguna forma, a nuestra parroquia alguien la llama refugio de pecadores, porque es donde pueden acudir las mamás solteras para bautizar a sus hijos, donde el niño puede tener una guardería y un colegio gratis”. Además, no se limitan con ello, sino que persiguen dar una atención integral a cada persona, a cada familia, porque también les dan “alimentación, el desayuno y la comida a los niños y a los abuelitos”. Una tarea ingente que muestra la labor tantas veces silenciosa, constante y entregada de los misioneros diocesanos, como el padre Félix Zaragoza. Como él mismo detalla, “creo que, en la mayoría de los países al sacerdote, sobre todo a los misioneros y religiosas españoles, se les quiere con cariño.

El misionero “a Toledo por la colaboración en las misiones, por lo que sobre todo se hace ahora en países como Perú, donde hay más misioneros sacerdotes diocesanos, incluso algunos que estaban en Chile fueron a Perú, y eso que aquí las vocaciones son escasas”. Pone la situación de la parroquia, para animar a las vocaciones misioneras entre los sacerdotes diocesanos de Toledo, porque piensen “en una parroquia donde la mayoría se considera católico, con más de 50.000 habitantes y un solo sacerdote para las misas, con más de 700 bautizos, más de 300 comuniones y cerca de 200 confirmaciones, con más de 700 funerales en 2020”.

Por ello, el padre Félix pide oraciones para “poder seguir realizando la misión en esta comunidad, con esta gente, porque la Iglesia necesita dar testimonio de fe y de compromiso, en un mundo con tanta obligación tenemos que recordar que lo humano es cristiano y que tenemos que estar ahí”, por eso enfatiza y recuerda que “la evangelización tiene que ser un proceso también de humanización, de vida digna, “por eso empezamos con los más chiquititos con las guarderías infantiles hasta el hogar de ancianos, ¿para qué?, para que todo hijo de Dios pueda tener una vida lo más digna posible, aquí en esta tierra y luego plenamente en la esperanza que tenemos de vivir todos en igualdad en el cielo”.