OMPRESS-ANGOLA (13-11-18) El pasado lunes 5 de noviembre, el seminario San Juan María Vianney, en Lwena, Angola, abría de nuevo sus puertas tras 7 meses de obras. El pasado marzo, un incendio provocaba graves daños en la estructura. Se trata de un seminario establecido en un viejo edificio de la diócesis construido en 1939. Desde que comenzó su funcionamiento en el curso 2008-2009, ha contado con el apoyo decidido de las Obras Misionales Pontificias año tras año. Sólo el pasado curso se envió 9.614 dólares para el sostenimiento y educación de los seminaristas del San Juan María Vianney.

Por otro lado, dada la antigüedad del edificio del seminario, en estos 10 años de funcionamiento se han ido afrontando diversas reformas, que han permitido además aumentar la capacidad del mismo de 32 seminaristas a 80. Se han ampliado las habitaciones, las aulas, el comedor y la capilla. Los baños se restauraron también este año con 10.000 dólares enviado por la Obra de San Pedro Apóstol, una de la cuatro Obras Misionales que tiene como fin el sostenimiento de las vocaciones en los países de misión. Se enviaron hace dos años otros 40.000 dólares que permitieron comenzar la construcción de la capilla. Antes se les envió otros 50.000 dólares para diversas intervenciones y levantar un muro exterior.

En la reapertura del seminario, el obispo de Lwena, el misionero argentino Jesús Tirso Blanco, agradeció las ayudas y explicó que la mayor parte de la construcción del edificio que se ha ido restaurando estaba hecha de adobe y barro. La reforma ha respetado la configuración y ha ido recuperando el edificio original. Les pidió a los seminaristas que aprendieran a cuidar el seminario “para que las generaciones futuras lo puedan disfrutar y se puedan dedicar los recursos de la Iglesia para las necesidades más urgentes”.

El rector del seminario, el padre Emilio Cavavu Dala, señaló que la terminación de las reformas del seminario y su restauración tras el incendio, darán mayor dignidad a la casa, dedicada a la formación de futuros sacerdotes, que deben “sentirla como su propia casa y cuidarla para que quienes vengan después puedan usarla en el futuro”.

 

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