“El Señor sabe que, por medio de ustedes, jóvenes, entra el futuro en estas tierras y en el mundo, y con ustedes cuenta para llevar adelante su misión hoy (Christus vivit, 174)”, les decía el papa Francisco a los jóvenes tailandeses, en la misa en la Catedral de la Asunción de Bangkok, el viernes 22 de noviembre de 2019.

El Santo Padre comenzó la homilía invitando “a ponernos en movimiento y mirar al futuro para encontrarnos con lo más hermoso que nos quiere regalar: la venida definitiva de Cristo a nuestras vidas y a nuestro mundo”; en especial les decía a los jóvenes que: “El Señor sabe que, por medio de ustedes, jóvenes, entra el futuro en estas tierras y en el mundo, y con ustedes cuenta para llevar adelante su misión hoy (Christus vivit, 174). Así como Dios tenía un plan para el pueblo elegido, también tiene un plan para cada uno de ustedes”.

Al finalizar expresaba su confianza en los jóvenes cristianos, si están arraigados en Cristo, diciéndoles: “Ustedes son una nueva generación, con nuevas esperanzas, nuevos sueños y nuevas preguntas; seguramente también con algunas dudas, pero, arraigados en Cristo, los invito a mantener viva la alegría y a no tener miedo de mirar el futuro con confianza. Arraigados en Cristo, miren con alegría y miren con confianza. Esta situación nace de saberse buscados, encontrados y amados infinitamente por el Señor. La amistad cultivada con Jesucristo es el aceite necesario para iluminar el camino, vuestro camino, pero también el de todos los que los rodean: amigos, vecinos, compañeros de estudio y de trabajo, incluso el de aquellos que están en total desacuerdo con ustedes”.

Y les dirigía está perentoria invitación: “¡Salgamos al encuentro de Cristo el Señor que viene! No le tengan miedo al futuro ni se dejen achicar; por el contrario, sepan que ahí en el futuro el Señor los está esperando para preparar y celebrar la fiesta de su Reino”.

Anteriormente, en la Nunciatura había grabado un vídeo espontáneo, para enviar un mensaje alentador a la juventud de Tailandia que se preparaba para ese encuentro. Recordaba que algunos estaban en una vigilia de oración y otros de camino; el Santo Padre les decía “¡Lindas las dos cosas: rezar y caminar!” porque “en la vida hay que hacer estas dos cosas: tener el corazón abierto a Dios, porque de Él recibimos la fuerza, y caminar, porque no se puede estar quieto en la vida”. Concluía el breve mensaje con dos consejos: “Nunca permanezcas caído, levántate enseguida, que otro te ayude a levantar, primera cosa. Segunda cosa, no pases la vida sentado en el diván, haz la vida, fabrica la vida, haz, anda adelante. Sube siempre adelante en el camino. Comprométete y vas a tener una felicidad impresionante, te lo aseguro yo”.

Francisco ha vuelto a reiterar en unas tierras en las que los cristianos son minoría su confianza en que los jóvenes son misioneros y pueden traer la esperanza al mundo, es decir a Cristo. Para ello les ha invitado a tener su mirada fija en Cristo y a estar en camino, a avanzar con confianza, a levantarse con prontitud, si caen, y a no permitir que pase la vida sin más. Un sencillo y fascinante programa para que los jóvenes sean “siempre misioneros” (Christus vivit, 239-241).