OMPRESS-CÁCERES (21-10-20) El semanario de la diócesis de Coria-Cáceres recoge el testimonio de seis misioneros cacereños, que viven y desarrollan su vocación en lugares, circunstancias y realidades distintas, pero unidos por el lema del Domund, su respuesta a Dios: “Aquí estoy envíame”. Su testimonio en el “Iglesia en Coria-Cáceres”, ha dado rostro a una realidad, los misioneros son enviados por sus iglesias a otras iglesias.

Benito Alonso Peral, misionero laico en Honduras, se encuentra en Markala Honduras, ciudad que vive principalmente de la producción de café. Su tarea va de la mano del padre Patricio Larrosa, que fundó internados a los que acuden chicos de zonas remotas y familias humildes. El objetivo de la misión es acompañarles en su día a día y sus tareas. Con el COVID-19 esta misión ha sido más que nunca la de estar juntos, debido al encierro. Benito cuenta que pretenden que ellos aprendan las nociones básicas para atender un hogar y a ser independientes: lavar la ropa, cocinar, higiene… etcétera, debido a que la sociedad hondureña todavía persisten algunos comportamientos e ideas machistas. “Poco a poco vamos haciendo camino en la misión de Jesús. Con Dios delante, todo se puede. Que el Espíritu Santo nos ilumine en todo momento y que nuestro centro sea el camino de Jesús”.

Emilia Sánchez, Hermana del Sagrado Corazón de Jesús, está en Perú, en la Parroquia de Santo Tomás, conformada por treinta comunidades rurales. “Este pueblo de Santo Tomás me ha robado el corazón y estoy al servicio de quienes me necesitan”. Acercarse a la realidad y conocer lo que viven en Santo Tomás le anima a ser cada día misionera, poniéndole corazón. “Ustedes son esos misioneros que desde sus casas nos acompañan, rezan por nosotros y nos dan la fuerza para seguir siempre adelante”, recuerda a sus paisanos cacereños la hermana Emilia. En estos últimos meses desde la parroquia han hecho un gran esfuerzo para dar información sobre el COVID-19 y los protocolos necesarios para prevenir los contagios. Utilizando los medios de comunicación como Radio Quillai que pertenece a la propia parroquia. Para evitar que la gente salga de casa cuando contraen el virus les llevan canastas de comida. “Pensábamos que aquí nunca iba a llegar. Pero llegó y nos tocó con fuerza, algunas hermanas padecieron la enfermedad. Hemos aprendido a convivir con el virus, y seguir acompañando a la gente”.

Santiago Garrido es un Agustino Recoleto, Agustino recoleto, se encuentra en la zona oriental del lago de Maracaibo, en Coromoto, Venezuela, en una zona calurosa. Este misionero de 77 años ha celebrado sus bodas de oro como sacerdote y 56 de religioso y se encuentra feliz pero recuerda que siguen siendo muchas las necesidades de la misión. Con los últimos donativos, han podido impermeabilizar parte del techo parroquial, comprar alimentos para los más necesitados y una bicicleta para poder asistir a los vecinos, en la zona tan extensa que atienden, puesto que el precio de la gasolina es muy elevado. Además pide que sigamos rezando por los misioneros de América Latina, “necesitamos sentirnos acogidos y que los que están lejos se acuerdan de nosotros”.

“Iglesia en Coria-Cáceres” recoge también los rostros de la Misionera Comboniana Josefina Martín Montero, en Oriente Medio, de Jesús Acedo, misionero laico en Honduras, y de María Matos, de la Comunidad Servidores del Evangelio de la Misericordia de Dios, en Corea del Sur.