OMPRESS-INDIA (19-06-20) El padre jesuita Felipe Terrasa Ferrer, que llegó a la India en 1948 con 18 años, cuenta brevemente lo que ha sido su vida en esta su segunda patria y pide a todos oraciones, porque “pase lo que pase, coronavirus o no, Dios no nos abandonará jamás”.

“Necesitamos mucha oración pues en la India”, dice el padre Felipe, “la situación es bastante alarmante especialmente en Maharashtra y Mumbai en donde yo trabajo. Pero Dios no nos abandonará jamás. Siempre se ha mostrado fiel a través de las muchas crisis por las que hemos pasado. No sé porqué, pero al acabar de teclear estas líneas en el contexto del coronavirus me siento como impulsado interiormente a dar un testimonio de la fidelidad de Dios en medio de nuestros sufrimientos.

Yo vine a la India en 1948, Tenía entonces 18 años. Durante estos 72 años he vivido y pasado por muchas crisis de guerras, crueles y brutales matanzas y terribles desastres naturales. Pero en todos estos períodos trágicos Dios ha estado muy presente con nosotros y la India lo ha superado y ha ido progresando en todos los aspectos, aunque nos queden aún gigantescos problemas que enfrentar. ¡Dios es fiel y nunca falla!

Desde que yo toqué el suelo indio he experimentado estos 72 años como un casi constante sufrimiento físico, psíquico y espiritual. Y sin embargo, han sido, paradójicamente, años de una gran fecundidad apostólica, muchísimo mayor de lo nunca hubiese podido imaginar. Al mismo tiempo han sido 72 años de constante y profundo crecimiento espiritual y de paz y felicidad en medio de mis sufrimientos. Estas son las maravillas que Dios obra con nuestra pequeñez y fragilidad.

Hace 60 años que tuve una singular experiencia espiritual. Yo yacía postrado en el suelo ante el altar al inicio de la ceremonia de la Ordenación Sacerdotal. Todos en oración en un profundo silencio. De pronto, sentí en lo más íntimo de mi ser, de una manera inconfundible, que Dios me tomaba, como si fuese una pizca de polvo de la tierra, y que con esta inútil pizca de polvo obraría sus maravillas.

Esto ha sido mi vida apostólica. Dios ha usado mi nada, mi incapacidad, mi ignorancia, mi fragilidad, esta ‘pizca de polvo’ para transformar muchas vidas, despertar en muchas almas grandes ansias de Dios e inflamar muchos corazones con un verdadero y sincero amor de Dios y del prójimo. El hecho de que a mis 90 años y con una larga historia de enfermedades y operaciones quirúrgicas, fracturas y mi reciente infarto de miocardio y Parkinson, puedo llevar una vida normal, activo y trabajando todo el día como hace cuarenta años, es un verdadero milagro del poder, bondad y amor de Dios. Esta experiencia de mi vida es la que me da una absoluta seguridad de que, pase lo que pase, coronavirus o no, Dios no nos abandonará jamás.

Este es el Testimonio de Gratitud y Alabanza a Dios que deseaba dar para disipar toda ansiedad y miedo que la presente situación de la pandemia del coronavirus está causando en mucha gente. Estoy muy agradecido por vuestro interés y oración. Seguid regando por la India porque el futuro no es muy halagador para la Iglesia”.