OMPRESS-ESTADOS UNIDOS (26-05-20) Un documental emitido por primera vez este domingo en una cadena estadounidense narra la vida de Black Elk (Alce Negro), verdadero arquetipo del indio de las praderas, pero también católico convencido. El documental, Walking the Good Red Road: Nicholas Black Elk’s Journey to Sainthood, se ha emitido a través de KOTA (ABC) en Rapid City, Dakota del Sur, donde se encuentran los territorios de esta gran tribu del Oeste americano.

Cuenta la vida de de Black Elk nacido en 1865. Primo del famoso jefe indio Crazy Horse (Caballo Loco) estuvo presente, con 13 años, en la Batalla de Little Big Horn – la famosa derrota del Séptimo de Caballería de Custer –. Después se uniría al espectáculo Wild West de Buffalo Bill, realizando una gira por Europa. Regresó a los Estados Unidos en 1889. Su contacto con los misioneros jesuitas le llevó a la fe católica y fue bautizado el 6 de diciembre de 1904, fiesta de San Nicolás, por lo que adoptó también el nombre de este santo.

Tras su conversión trabajó, durante 30 años como catequista, al estilo de los muchos “catequistas nativos” que viven la fe su compromiso de fe actualmente en África. No sólo enseñaba la fe sino que también desempeñaba las tareas no sacramentales de un sacerdote, como visitar a los enfermos y celebraciones de la palabra.

La hermana franciscana Judith Ann Zielinski ha sido su biógrafa y su trabajo inspira este documental. Ella misma cuenta su sorpresa al saber que se había abierto la causa de canonización de Nicholas Black Elk. Sabía quién era por el libro de John Neihardt, “Black Elk Speaks”, publicado en 1932, pero que volvió a estar de moda en los años setenta para reivindicar la cultura nativa. “Black Elk se convirtió en el símbolo del gran indio americano”, explica la hermana, “que lamenta la pérdida de la gran cultura nativa antes de que llegue el hombre blanco”. Pero eso sólo fue la mitad de la vida de este hombre admirable. Como catequista bautizaría a más de 400 lakotas.

El documental incluye entrevistas, entre las que destacan las del nieto de 86 años de Black Elk, George Looks Twice; y del tataranieto de Black Elk, Maka Akan Najin Black Elk. Elder Lailota Basil Brave Heart habla sobre la cultura lakota, y de sus recuerdos de la infancia de ver a Black Elk recogiendo patatas; y el artista lakota Arthur Amiotte, que asistió al funeral de Black Elk cuando tenía 8 años en 1950. Junto a las entrevistas numerosas fotos históricas y de archivo de la Universidad Marquette y colecciones jesuitas le dan al espectador un vistazo al mundo en el que vivía Black Elk. Salvador también hace uso de algunas grabaciones de audio antiguas que el sacerdote Michael F. Steltenkamp hizo de una de las hijas de Black Elk, Lucy Black Elk.

Si tuviera lugar, dice la hermana Zielinski, la canonización de Black Elk “sería un reconocimiento de que Dios hizo cosas santas entre los lakota mucho antes de que llegaran los misioneros… Hay santidad y dignidad en cada cultura. No se necesita colonialismo para sacar eso a la luz”. Por eso, añade la religiosa, “Black Elk puede decir de alguna manera: Me criaron como un lakota. Aprendí como lakota cómo orar, cómo hablar con Dios, cómo agradar a Dios y, sin embargo, aquí vienen estos jesuitas con su mensaje del cristianismo y el Hijo de Dios. En lugar de rechazar eso, puede aceptarlo porque se ajusta a su visión de que Dios pertenece a todos”.