OMPRESS-ROMA (28-04-20) Tres misioneros italianos hablan desde Guatemala, Tailandia y Kenia sobre la situación de sus tres destinos de misión, tan distantes y tan unidos por las condiciones de pobreza en la que viven muchas personas. La pandemia que afecta a Europa, Estados Unidos y China también se está extendiendo a África, América Latina y al resto de Asia. La situación podría precipitarse, sobre todo si se tiene en cuenta que los sistemas de salud son absolutamente inadecuados para enfrentar el covid-19, y que “el distanciamiento social es pura utopía”. En estos lugares reinan el desempleo y las injusticias sociales. Tres misioneros italianos han comentado esta situación en sus respectivas misiones con las Obras Misionales Pontificias de Italia. La pandemia vista desde el hemisferio sur. Vista por quienes vienen de lejos y hablan el idioma del Evangelio, el de la Iglesia misionera universal.

Toque de queda en Guatemala. “El covid-19 ha llegado a Guatemala, un país donde el distanciamiento social es pura utopía, la atención médica es completamente inexistente y las condiciones de vida de la mayoría de las personas son inhumanas. Donde, sin embargo, la fe es fuerte”. Así es como el padre Giampiero De Nardi, un misionero salesiano en San Benito, en Petén, en el norte de Guatemala, habla de un país blindado, con toque de queda en las calles y el cierre de todas las actividades laborales. Pocas infecciones confirmadas (384) y muertes (11) hasta ahora, gracias también a las medidas de contención del nuevo presidente de la República, Alejandro Giammattei, un médico de origen italiano. El compromiso del misionero es permanecer cerca de la gente, ahora con las misas en directo por Facebook y, antes del cierre, cuando sea posible, en las iglesias de las aldeas. “Mi homilía se ha convertido en una explicación médica, pero creo que en estos casos, el bien de la persona y el cuidado van de la mano con la explicación de la Palabra de Dios, también porque separar el Pan del pan, las cosas del cielo de las cosas materiales, no es de Dios”. Ahora en la frágil economía guatemalteca, el cierre de todas las actividades laborales “está creando una situación de recesión económica muy grave. Aquí la mayoría de las personas trabajan ilegalmente y ocasionalmente. No tienen ahorros, pronto comenzarán los problemas serios, la gente tendrá hambre y es posible que haya ataques a las tiendas. No sé cuánto tiempo podemos manejarlo, espero llegar hasta junio… Entonces el Señor ciertamente proveerá. Nunca nos abandonó, no creo que lo haga ahora”.

Tailandia en cuarentena. Desde Chiang Mai, en el noroeste de Tailandia, el padre Attilio De Battisti, sacerdote Fidei donum de la diócesis de Padua, habla sobre la situación en este país en el que los números oficiales aún no son especialmente alarmantes, “pero el nivel de miedo, impulsado por el bombardeo de los medios, es desproporcionado y visible… Aquí también se agotan algunos productos básicos, se escenifican temores exagerados. Los militares, democráticamente en el gobierno, reproducen las decisiones sobre la cuarentena y los bloqueos que han visto en otros lugares, las provincias brindan mucha información pero muy pocas iniciativas en apoyo de los vulnerables y de los potenciales ‘contagiadores’”. Los templos budistas están cerrados y también la Iglesia Católica ha suspendido por ahora todas las actividades con participación del pueblo. El padre Attilio explica que los misioneros son muy apreciados y que la pequeña comunidad cristiana sigue las disposiciones de la diócesis, Caritas y la Oficina de la Pastoral Social que “han fomentado la generosidad, la compra de mascarillas y la ayuda a las comunidades tribales de las montañas. Pastoralmente, tenemos prohibido llegar a las comunidades de montaña, en algunos casos el miedo los ha llevado a aislarse”. Las iniciativas del Papa también se siguen en Tailandia, “aunque los horarios no favorecen los directos, pero los mensajes e imágenes circulan con rapidez”. Sin embargo, detrás está lo que Covid-19 está causando, “nadie habla del mundo agrícola destruido por una sequía persistente y la imposibilidad de exportar productos. Las grandes empresas se detienen y los trabajadores remunerados se quedan en casa”.

En los “slums” de Kenia. “El verdadero coronavirus de África es la injusticia, la desigualdad, la pobreza y el robo de las riquezas”. El padre Felice Molino, 73 años, misionero salesiano durante 39 años en Kenia, no tiene dudas en hablar sobre las proporciones de la emergencia social. “La situación que hay debajo y más allá del coronavirus es muy grave y, ahora, con las medidas tomadas para evitar el contagio, incluso han tenido que cerrar las tiendas de los barrios bajos y los vendedores ambulantes por las calles. Para las personas, comer se ha vuelto más difícil que antes”. Es como si el virus hubiera amplificado los efectos de otro virus, con el que la población siempre ha convivido: “la injusticia social”. En Kibera hay aguas residuales por todas partes, no hay agua, hay ratas. En estos días lluviosos las chozas sin suelo están llenas de barro. En este barrio de barracas – dice el salesiano – viven cerca de 500 mil personas, aunque nadie ha podido hacer una estimación acertada”. En estos días de pandemia, las hermanas y otros misioneros, “que iban a llevar ayudas a las personas que viven dentro de estos ‘slums’ ya no pueden entrar”, explica, “pero afortunadamente hay misioneros y religiosos que viven dentro de estos barrios. También está la parroquia de Cristo Rey de los misioneros de Guadalupe”.