OMPRESS-REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO (22-02-21) La hermana Elodie habla de su vocación misionera para el blog de las Misioneras Combonianas en España, un blog que recoge testimonios de vidas entregadas a la misión.

“Me llamo Elodie Atokpa Likabu, soy originaria de Isiro, en República Democrática del Congo y soy Misionera Comboniana desde 2014. Los Misioneros Combonianos y las Misioneras Combonianas están en mi parroquia, y fue tratándolos cuando me di cuenta de que algo tocaba mi corazón. Realmente lo que me atrajo para ser misionera fue la historia de Daniel Comboni, nuestro fundador… cómo dio su vida por los esclavos, todo lo que hizo por la población negra…eso me llamaba mucho la atención y yo me decía: ‘Me gustaría servir al Señor como él’.

He estado en Uganda donde trabajé en el centro ‘Comboni samaritan of Gulu’, en el norte del país. Me ocupé de los niños enfermos de SIDA y de aquellos que habían quedado huérfanos por esta enfermedad. Realmente allí yo veía que trabajaba con los más pobres y desasistidos, como lo requiere nuestro carisma. Aparte de eso trabajaba con los jóvenes que estudiaban en la escuela de enfermería ‘Lacor Nursing school’. Compartíamos la Palabra de Dios, llevaba adelante un grupo de jóvenes que pensaban en la vocación religiosa… en fin, era un no parar.

Después de unos años allí me destinaron a Sudán del Sur donde trabajé tres años. En el hospital S. Daniel Comboni de Wau estaba en el reparto de maternidad, con las mujeres que daban a luz y los niños. Yo era la responsable de la pediatría y también me tocó ayudar en la administración del hospital.

Un día fui de visita a la casa de una de las enfermeras y la encontré haciendo el pan que ellos comen todos los días y que se llama ‘Kisra’. Le pedí que me enseñara, pensando que iba a ser fácil. Una vez… y no salió… segunda vez… y tampoco salió como debía… Entonces llegó la hija menor de la enfermera muy enfadada y le dijo a la mamá: ‘Mamá, deja ya a la hermana Elodie, ¿no ves que no es capaz?… Va a estropear todo. Si sigue así va a gastar toda la comida que tenemos y nos quedaremos sin nada’… Los niños siempre dicen la verdad en todas las partes del mundo.

Otra situación que recuerdo con mucho cariño es cuando una mamá muy joven dio a luz a un bebé prematuro. Pensábamos que no duraría, pero con el coraje de la madre y nuestro esfuerzo pudimos sacarlo adelante. Fue una gran alegría para todos. Realmente han sido experiencias muy positivas, tanto en Uganda como en Sudán del Sur. Ellos me han enseñado a amar mi vocación y la misión. En varias ocasiones me dijeron ‘Hermana te admiramos porque has dejado tu país, pero también admiramos el esfuerzo de tus padres para dejarte venir hasta aquí. Eso es algo que nos llega al corazón’… y yo no sabía qué decir.

En otras ocasiones, sobre todo con chicos y con los maridos que venían al hospital me decían ‘¡pero tú hermana estás loca! Dices que toda tu vida serás religiosa, que no tendrás tus hijos. No sabes lo que dices… ¡estás loca!’. También a las mismas mujeres les costaba entender y me decían: ‘Pero, ¿dónde están tus niños?… ¿los has dejado en tu país?’, o como me veían un poquito rellena me comentaban: ‘¿Tú también estás encinta? ¿Cuándo vas a dar a luz?…’. Intentaba entonces explicarles que me había ofrecido al Señor, que era de Él… pero era inútil… no lo entendían, les cuesta mucho entender lo que es la vida religiosa.

Cuando tuve que dejar mi país por la primera vez no fue nada fácil. Pero el Señor nos da la fuerza para superar esos momentos. Realmente al querer ser comboniana sabía que esto es así, que un día u otro me tocaría dejar mi país, como lo habían hecho las misioneras que yo había visto toda mi vida en mi parroquia.

Hay algo que me hace reflexionar de un modo particular y es cuando pienso el modo en cómo las personas me han acogido siempre… Pienso, ‘si yo vengo de nada, no soy importante, vengo de una familia sencilla…’, pero la gente me recibe como si yo fuera un regalo venido del Cielo. Esto para mí es realmente una experiencia que me ha marcado mucho… ‘Como si yo supiera más cosas de Dios, o de Jesús… pero si no soy nadie… si vengo de nada…’. Sientes que cuando hablas la gente está muy atenta a lo que dices, te miran como escrutándote…y sobre todo sientes que te aprecian, que te quieren, que te acogen… es realmente muy, muy bonito. Sólo le pido al Señor que me dé su fuerza para poder vivir mi vida en este compromiso con alegría y siendo fiel al Señor por siempre”.