OMPRESS-UGANDA (23-04-20) El franciscano Adam Klag comunica a su congregación la situación que se vive en Uganda en esta pandemia y lo que significa para la gente que vive de lo que gana cada día, dejar de trabajar. Es una comunicación enviada a sus hermanos de Orden por este misionero polaco en Uganda.

“Este año, el tiempo de Cuaresma se ha extendido; no sólo se realizan retiros comunitarios o parroquiales en pequeños grupos, sino que el nuevo virus nos ha obligado a vivir un retiro de dimensión mundial. Todos se encuentran confinados en sus casas, casi como las órdenes religiosas de clausura, como las Clarisas; todos estamos en clausura para poder mirar nuestras vidas interiormente; es este un tiempo oportuno para preguntarse por las cosas que son realmente importantes y las que no lo son. Desafortunadamente, este virus también está presente en Uganda, Kenia y otras naciones cercanas. También aquí las personas viajan y trabajan en el exterior. Seguramente la movilidad es menor con respecto a Europa, pues la mayor parte de las personas no tienen un pasaporte, pero de igual manera el virus ha llegado.

Según informaciones oficiales del gobierno de Uganda, 53 personas se han infectado con el nuevo virus. Aproximadamente dos semanas atrás, después de haberse descubierto el primer caso, el gobierno ha adoptado medidas preventivas radicales: cierre de todas las escuelas y universidades, lugares de culto como iglesias, mezquitas, etc.; cierre de negocios, bares y restaurantes, excepto aquellos que suministran alimentos y servicios médicos; prohibición total de movimiento nocturno: hay toque de queda de las 19.00 a las 06.30 horas. También se han adoptado otras medidas restrictivas especiales.

¿Qué significa esto para Uganda? Significa que millones de personas que dependen de la actividad transportista, del comercio y otras actividades, se han quedado sin trabajo, de un momento a otro. Casi en todos los casos se trata de personas que ganan un promedio de 3 euros al día, que apenas alcanzan para el propio alimento y el de sus familias. Por ahora el alimento es suficiente, pero si se llega a extender mucho la cuarentena no sabemos qué podría suceder. El gobierno, a través de sus empleados, está proveyendo de alimento a las personas más indigentes, especialmente en las áreas superpobladas y con desempleo.

En todo el país han sido elegidos algunos hospitales del gobierno, con lugares preparados para eventuales pacientes con Covid-19. Pero existen fuertes dudas acerca de su funcionamiento. En la capital de Uganda, Kampala, hay un hospital donde es posible hacer el test para saber si alguien se ha infectado. En cuanto a extensión, Uganda tiene una superficie similar a la de Polonia; no es necesario ser un economista experto para prever que esta crisis provocará que el nivel económico alcanzado precedentemente se derrumbe.

Como pastores y misioneros, no podemos abrir la iglesia para la oración; por este motivo los hermanos rezan en el Convento. Como Hermanos Menores Conventuales somos una Orden contemplativa y activa; ahora es momento de contemplación. Alguno ha hecho notar la obvia verdad: la Iglesia no ha sido cerrada; la Iglesia como comunidad enviada a predicar el Evangelio siempre está en misión. Por esto, durante esta Cuaresma los hermanos han visitado a los enfermos, para que pudiesen recibir los sacramentos. Durante este período, los hermanos han visitado 200 familias aproximadamente.

En Uganda, la mayor parte de las personas no cuentan con una pensión. Por lo mismo, la vida de las personas ancianas y enfermas depende de sus familiares. Los frailes han logrado obtener el permiso por parte de las autoridades locales para moverse en coche; de este modo continúan brindando su servicio al hospital Wanda Helth Center de Matugga. El automóvil del convento recibe un uso similar al de una ambulancia. Todos estamos constantemente pendientes del desarrollo de la situación, pero nadie sabe lo que pueda suceder mañana.

Agradecemos al gobierno polaco, al ministerio de Asuntos Exteriores y otras instituciones eclesiásticas por la propuesta de volver a Polonia en vuelos especiales; pero los frailes no han aceptado la posibilidad de regresar a su patria. El misionero tiene su hogar en el lugar donde actualmente se encuentra. En África no hay héroes, pero aquí se aprende la humildad. Los hermanos están simplemente respondiendo a su llamada.

En África existen peores problemáticas que el coronavirus; por ejemplo, las langostas que ahora están presentes en el norte de Uganda. También está el Ébola, que mata al 70% de los infectados; se trata de un virus que se transmite del mismo modo que el covid-19, y tiene la particularidad de aparecer y desaparecer después de un tiempo. Además está el tifus, ya que el agua es muy sucia; el 10% de la población tiene el virus VIH. Por último, está la malaria, que es algo casi normal, como la gripe. Creemos que este virus también pasará, gracias a Dios, y que la solidaridad humana ayudará a superarlo todo. Probablemente seremos mejores, más vigilantes y sensibles para con los demás.

Ya que no existe vacuna ni medicinas para esta nueva forma de virus, África se presenta como un horno ardiente, como lo fue para Sadrac, Mesac y Abed Negó, que no quisieron adorar la estatua dorada del rey Nabucodonosor (cfr. Dn 3). No buscaban vivir a toda costa; lo único que les quedaba era la oración y el culto. Así fueron salvados y ayudados a atravesar incólumes el fuego.

Por último, recordamos la iniciativa de ‘adoptar’ un médico y a los que brindan algún otro servicio a los demás, sin poder quedarse en casa. Recojámonos en oración recíproca. Mostremos solidaridad no sólo con palabras, sino con las obras; la fe sin obras está muerta (cfr. Sant 2, 17). Que el Señor Jesús nos salve siempre de nuestras caídas, de las enfermedades, de la impotencia y nos dé su paz y vida. ¡Dios los bendiga!”.