OMPRESS-BRASIL (19-07-18) Una misión para ayudar a los venezolanos que huyen a Brasil. Se llama “Corazón sin fronteras” y es la nueva iniciativa misionera de la Obra Don Orione en Pacaraima, Brasil, en la diócesis de Roraima, una ciudad en la frontera con Venezuela. Como explica el Servizio Informazione Religiosa (SIR) de la Conferencia Episcopal Italiana, se trata de la principal ruta de acceso por tierra para los venezolanos que huyen.

“Al día siguiente de mi llegada a Boa Vista – explica al SIR el religioso orionino José Sebastião Barros da Silveira – fui a visitar cuatro centros de recepción donde había una gran multitud de refugiados venezolanos. Otros esperaban durante horas en la puerta hasta que quedara libre un lugar. Según las estimaciones más acreditados, solo en Boa Vista hay actualmente más de 25.000 venezolanos”.

Y añade: “Es triste ver la situación de hombres y mujeres que venden ajos, vajillas y muchos otros productos en las calles y en las aceras. Mientras, los adolescentes limpian los cristales de los coches en los semáforos por unas monedas. Muchos de ellos ya han terminado la universidad en su país. Todos esperan encontrar una nueva vida en São Paulo”.

En Pacaraima, el misionero ha visto a cientos de personas durmiendo en rudimentarias hamacas. “A las 3 de la mañana comenzamos a preparar el desayuno para los refugiados”, explica. “Hoy fue mi primera experiencia con el grupo de voluntarios que se ocupa de la comida de la mañana. A las 5 en punto se comienza a servir el desayuno y el servicio termina a las 7:30. En Paracaima hay 1.300 venezolanos y nativos que vienen a desayunar. Para muchos de ellos, es la única comida del día. Aquí llueve mucho y hace mucho frío. En este momento, más de 6.000 personas viven en la miseria total. La ciudad es muy pobre, falta higiene, las calles están invadidas por una multitud de inmigrantes que deambulan por todas partes”. En Pacaraima algunos se quedan, otros parten hacia Boa Vista, capital del estado de Roraima, a 220 km de distancia, sin poblaciones en el camino. “Por tanto, no encuentran lugares donde puedan detenerse a descansar o comer. Duermen en las orillas del camino a merced de los acontecimientos”, concluye Sebastião, al que se ayer se unía otro religioso de Don Orione, el argentino Miguel Alberto Fernández.