OMPRESS-ECUADOR (26-11-19) Iraide Donaire Hidalgo viajaba a Ecuador a principios del mes de julio para compartir la vida y la tarea misionera con la comunidad capuchina en Coca, en el vicariato apostólico de Aguarico, en la Amazonía ecuatoriana. Esta joven vizcaína de Durango, de 26 años, ha comenzado una nueva etapa de su vida como misionera, en el lugar en el que Monseñor Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango, mártires de la Amazonía, dieron su vida.

Hace cuatro años Iraide realizó el curso Norte Sur, organizado por el Instituto Diocesano de Teología y Pastoral de Bilbao, en colaboración con Cáritas Bizkaia y la delegación diocesana de Misiones, y participó en la Misión de Riobamba en Ecuador durante el verano. A partir de aquella experiencia ha apoyado, algunos proyectos en los sucesivos veranos en lugares como Ricaurte, provincia de Los Ríos, en Penipe, provincia de Chimborazo, en Pedernales provincia de Manabí, todos ellos en Ecuador. En su parroquia ha participado en el movimiento eskaut como monitora y hasta el momento de su viaje ha seguido comprometida con su unidad pastoral de Durango.

Iraide comenzó su andadura misionera en Quito participando en una marcha que se organiza cada año desde la capital ecuatoriana hasta Coca, a unos 300 Km, en recuerdo de los misioneros Alejandro e Inés. En una entrevista en la revista Los Ríos cuenta cómo fue esta experiencia que ha marcado el inicio de esta etapa de su vida en Ecuador: “el objetivo de la marcha es llevar el Evangelio, es caminar con el espíritu de Alejandro e Inés, que lucharon por los pueblos indígenas, por su cultura, por la vida, por la paz. También se camina por la Amazonía”. Y es que “el vicariato de Aguarico camina en conjunto por todo esto, siguiendo el espíritu de estos dos misioneros”.

“Salíamos muy pronto por la mañana”, recuerda. “Se comenzaba con las consignas, los lemas y con diferentes canciones. Durante la caminata había momentos de oración y de contemplación… Había también espacios de silencio porque pensamos que son importantes. El momento oracional, era bonito cuando se podía compartir con la persona que iba a tu lado: ¿qué me ilumina a mí este día el Evangelio? Vivencias así llevadas a la realidad son lo que te va iluminando y te va haciendo caminar de una manera u otra. También había momentos de agradecimiento, oraciones comunitarias…”.

“Llegar a Ecuador es como llegar a mi segunda casa”, cuenta Iraide al hablar de su nueva labor misionera, “porque al venir durante 5 años, he ido conociendo poco a poco. Hay muchas cosas que ya no me chocan. Esa integración se ha ido dando a lo largo de los años. Me dicen que Coca es una realidad muy dura en muchos aspectos, pero la tarea se presenta interesante. El obispo me ha dado las opciones de elegir y yo he elegido pastoral social que lleva diferentes ámbitos relacionados con el día a día de la gente de las comunidades. Estoy conociendo esta realidad. Están pendientes de las consecuencias de la contaminación de las petroleras, de un basurero que está contaminando el agua de 4 comunidades…”.