OMPRESS-CÓRDOBA (2-10-20) El pasado domingo, en la Santa Iglesia Catedral de Córdoba tenía lugar la ceremonia de envío misionero del sacerdote Antonio Reyes con destino a la Amazonia peruana, a Picota, en la prelatura de Moyobamba. El obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández presidió la celebración de este envío y dio las gracias al sacerdote por ayudarlo “a cumplir su tarea misionera”. El Obispo ha reconocido que la misión es “una tarea de despojamiento” por la que la Iglesia de Córdoba está contenta “aunque se escapen lágrimas a los que te quieren” por tu partida, decía al misionero.

Su destino es la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en Picota, donde desde hace diez años la Iglesia de Córdoba tiene una presencia misionera. En este viaje, Antonio Reyes deja atrás once años y medio de sacerdocio entregados a la Parroquia de Santa Teresa de Ávila, donde su despedida se ha convertido en una profunda manifestación de comunión y compromiso con la Iglesia de Córdoba. La comunidad parroquial ha asumido la misión de Picota como algo suyo y, en una cuestación espontánea, ha reunido recursos para estar al lado de la labor de los misioneros con su generosidad.

En breve, este sacerdote cambiará el asfalto por la tierra, el paisaje urbano de Córdoba por el de la selva amazónica. Como ha manifestado a los medios de la diócesis cordobesa, ante el contraste que le espera, reflexiona y se pregunta qué mundo es más pobre, “si el mundo que tiene de todo o el carece de lo imprescindible o aquellos que aun careciendo de lo imprescindible tienen el corazón centrado en lo importante”. Antonio Reyes subraya la distancia cultural y de modo de vida que le aguarda mientras retiene los consejos de otros sacerdotes cordobeses que le precedieron en la misión. En plena crisis sanitaria los objetivos de asistencia espiritual se redoblan, está dispuesto a ello mientras acude a la confianza que le otorga el testigo de quienes le precedieron en la misión.

Todos le han confirmado que “vas a disfrutar como sacerdote mucho”. Le esperan celebraciones más sencillas, más pausadas, tan auténticas como las nuestras pero vividas en la profundidad “que a nosotros nos da miedo”. El sacerdote cita a los precursores de la misión, hermanos sacerdotes como Leopoldo Rivero, Francisco Granados o Juan Ropero que han compartido con él la grandeza del tiempo que está por venir, lleno de testimonios audaces que “me harán vibrar ante la grandeza de nuestro ministerio, todo ello siendo Iglesia”.