OMPRESS-MADRID (29-11-18) El próximo lunes, 3 de diciembre, la Congregación de las Agustinas Misioneras ha organizado un desayuno informativo con motivo de la beatificación de Esther Paniagua y Caridad Álvarez, las dos hermanas de esta congregación que fueron asesinadas por odio a la fe en Argelia.

En 1994 estalló en el país una oleada de violencia que afectó a todos los extranjeros, pero principalmente a los religiosos misioneros. El arzobispo de Argel recomendó a las comunidades religiosas que sopesaran los peligros y decidieran si permanecer o abandonar la misión. Tras su decisión de quedarse en el país a pesar de todo, el 23 de octubre de 1994, las hermanas Caridad Álvarez y Esther Paniagua recibieron varios tiros que acabaron con su vida cuando acudían a misa.

La Santa Sede ha reconocido su martirio, y va a declararlas beatas -junto con monseñor Pierre Claverie y otros 16 religiosos y religiosas- en una celebración que tendrá lugar en Oran, Argelia, el sábado 8 de diciembre.

En el acto, a las 12:00h, en la casa de las Agustinas Misioneras de la calle General Pardiñas, 34 bis, de Madrid, intervendrán Piedad Pacho Reyero, madre general de las Agustinas Misioneras, María Jesús Rodríguez Muñoz, provincial de la Provincia de San Agustín, y testigo del martirio y Javier Jiménez Ugarte, embajador de España en Argelia (1994/1997).

La actual madre general, Piedad Pacho Reyero, fue misionera en Tanzania y en Kenia. Cuando estaba en este último país conoció el asesinato de sus hermanas Esther y Caridad. Desde 2013 es la superiora general de las Agustinas Misioneras, una congregación con 500 hermanas y en 15 países.

María Jesús Rodríguez Muñoz, en 1994, era superiora provincial de la Provincia San Agustín, que englobaba la comunidad de Argelia. Ella y otra religiosa, Lourdes Miguélez, seguían a unos metros a Esther y Caridad cuando fueron asesinadas. María Jesús vivió sus últimos días, su martirio y la repatriación de los cadáveres a España.

Javier Jiménez Ugarte fue 1994 a 1997 fue Embajador de España en Argelia, y vivió de cerca la crisis política. Conoció a las hermanas, y las animó a tomar medidas de seguridad, instándolas a salir del país. La misma mañana del asesinato, visitó a las dos hermanas, en el mismo hospital en el que trabajaban, para pedirles una vez más que cuidaran de su seguridad. Como embajador se ocupó intensamente de todo cuanto fue necesario hacer tras el triste acontecimiento del asesinato de las hermanas hasta su repatriación a España.

 

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