OMPRESS-PARAGUAY (7-04-21) El pasado 25 de marzo fallecía, en Asunción, José Luis Caravias Aguilar, jesuita, nacido en Alcalá la Real, Jaén. Expulsado de Paraguay por el dictador Stroessner, llegó a Buenos Aires, fue entonces cuando le llamó el provincial jesuita, el padre Jorge Mario Bergoglio.

La Conferencia Episcopal Paraguaya ha hecho pública una carta de pésame por el fallecimiento de esta figura tan importante de la Iglesia en Paraguay durante el último medio siglo, mostrando sus condolencias y cercanía espiritual a la Compañía de Jesús y a los familiares del misionero, “un activo participe en el quehacer social y pastoral de la Iglesia en el Paraguay”.

Nacido en 1935, llegó a Paraguay como religioso jesuita en 1961, antes de su ordenación sacerdotal. Hasta 1972 trabajó con los campesinos de Paraguay, en las Ligas Agrarias Cristianas. Fue cuando publicó su primer libro, “Vivir como Hermanos”. En 1972 fue expulsado del país por el dictador Alfredo Stroessner. Durante lo que él consideró el “destierro” de su querido Paraguay, trabajó en parroquias rurales, en el Chaco Argentino y después en Ecuador, en la Archidiócesis de Cuenca.

Fue en 1974, cuando llegó a Buenos Aires en 1974. Su conocimiento del guaraní hizo que trabajara con los paraguayos residentes en la “villa” bonaerense. El padre Caravias contaba en una entrevista en el periódico la Nación que, tras el asesinato del padre Carlos Múgica, por su postura crítica contra la organización guerrillera de los montoneros, fue convocado por el entonces provincial jesuita, Jorge Mario Bergoglio. Le dijo que figuraba en el objetivo de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), junto a otros dos jesuitas, Francisco Jalics y Orlando Yorio, y le sugirió que volviera a España. Siguió su consejo y estaba seguro, que de no haberlo hecho, habría sido asesinado y, seguramente, los otros dos sacerdotes sin la intervención del actual Papa también se habrían convertido en dos “desaparecidos”. Unos días después de llegar a España el padre Bergoglio le mandó un telegrama insistiéndole en que no regresara a Argentina. Pasado un año, el jesuita cuenta que recibió una carta “en código”, en la que el provincial le decía que, si regresaba a Buenos Aires, podía sufrir un riesgo de “contagio grave de salud”.

Con la caída del régimen de Stroessner, en 1989, pudo volver por fin a Asunción, desarrollando una actividad que iría de la dirección del Colegio Técnico Javier a conducir el programa Fe y Justicia en Radio Fe y Alegría, pasando por el Centro de Estudios Paraguayos Antonio Guash, el Escolasticado jesuita de San Cayetano, y cursos a parejas y matrimonios.