OMPRESS-TOKIO (21-05-20) “Qué debilidades has visto en nosotros que te hicieron pensar en llamarnos, a pesar de todo, a tu misión”, rezaba el padre Nicolás, anterior Superior General de la Compañía de Jesús, fallecido ayer en Tokio. Este jesuita español, que ha entregado su vida al servicio de Dios, fue Superior General entre los años 2008 y 2016. El actual General, el padre Arturo Sosa, lo describe en una carta a toda la Compañía de Jesús como “un hombre sabio, humilde y libre; entregado al servicio de modo total y generoso; conmovido por los que sufren en el mundo, pero a la vez rebosante de la esperanza que le infundía su fe en el Señor Resucitado; excelente amigo, de los que aman la risa y hacen reír a otros; un hombre del Evangelio”.

Nacido en Villamuriel de Cerrato, Palencia, en 1936, entró en el noviciado de los jesuitas de Aranjuez en 1953. Con 24 años fue destinado a Japón. Desde ese momento hasta su elección como Superior General, en 2008, trabajó en Asia, sobre todo en Japón y Filipinas, desempeñando distintos cargos, entre ellos el de Provincial de Japón durante la década de los 90, o el de moderador de los Provinciales Jesuitas de Asia Oriental y Oceanía. También trabajó con población inmigrante y desfavorecida en una parroquia de Tokio.

En 2008, tras la renuncia del P. Peter-Hans Kolvenbach, fue elegido por la Congregación General 35 como Superior General de los jesuitas, convirtiéndose en el vigésimo noveno sucesor de San Ignacio y el séptimo jesuita de nacionalidad española que ocupa este cargo. A su generalato aportó su conocimiento y sensibilidad de las culturas orientales, la espiritualidad en diálogo con otras religiones y reafirmó el compromiso prioritario por la promoción de la justicia y la reconciliación. A lo largo de estos años lideró un trabajo de intensa reestructuración de la provincias jesuíticas europeas y americanas y, sobretodo, insistió repetidamente en la necesidad de combatir la superficialidad, trabajando desde la profundidad y la creatividad. A lo largo de su gobierno animó a los jesuitas a redescubrir la dimensión universal de la Compañía de Jesús y a impulsar la colaboración con otros, creyentes o no. Algunos de los acentos de su generalato fueron el trabajo en favor de los más desfavorecidos, la ecología, la reconciliación y el trabajo por la paz como principio irrenunciable; o la educación de los jóvenes.

En 2014, a la edad de 78 años, anunció su voluntad de presentar la renuncia, lo que hizo ante la Congregación General 36, celebrada en Roma en 2016. Tras ello, regresó a Asia, primero a Filipinas y después a Japón, donde ha residido hasta ahora.

Tras unos Ejercicios Espirituales con su Consejo General, en el 2011, escribió el padre Nicolás una hermosa oración: “Señor Jesús, no sabemos qué debilidades has visto en nosotros que te hicieron pensar en llamarnos, a pesar de todo, a tu misión. Te agradecemos por esta llamada, y te recordamos que nos han prometido estar con nosotros hasta el fin de los tiempos. Hemos experimentado mucho tiempo el trabajar en vano toda la noche, quizás porque nos hemos olvidado de que Tú estás con nosotros. Te pedimos que estés presente en nuestra vida y en nuestro trabajo hoy, y mañana, y en los próximos tiempos. Llena nuestra vida, que queremos ofrecer a tu servicio, con tu Amor. Vacía nuestro corazón de todo lo que es sólo y egoístamente ‘nuestro’, ‘mío’, sin compasión y sin alegría. Ilumina nuestra mente y corazón. Y no olvides hacernos reír cuando las cosas no salen como queríamos. Haz que, al final de día, de cada día, estemos más unidos a Ti, y podamos ver y descubrir más alegría y más esperanza”.