OMPRESS-ITALIA (17-04-20) Este miércoles fallecía en Italia, Mons. Aldo Mongiano, Misionero de la Consolata, obispo de Roraima en Brasil, durante 21 años, verdadera voz profética en la Amazonia. Murió en Moncalvo, en la provincia italiana de Asti. Mons. Mongiano había cumplido 100 años el pasado 1 de noviembre y, aquel día, el obispo de Casale Monferrato, Mons. Gianni Sacchi le entregó una carta manuscrita del Papa Francisco con sus mejores deseos y su bendición apostólica.

Uno de los rasgos distintivos de este obispo misionero fue la defensa de los pueblos indígenas contra la invasión de mineros de oro, ganaderos y productores de arroz. En 1974, los misioneros de Consolata en Roraima decidieron que los pueblos indígenas serían la prioridad en su trabajo. La elección fue importante e histórica. Unos años más tarde, la diócesis de Roraima, en su Asamblea de 1979, también optó por los pueblos indígenas. En aquella ocasión, Mons. Mongiano publicó una Carta Pastoral con el título: “¿Pueden los misioneros evangelizar a los indios?”. Fue la respuesta al Presidente de la Fundación Nacional del Indio (Funai), del gobierno brasileño, que había prohibido a los misioneros trabajar con los pueblos indígenas. Con valor y profecía, en la carta, el obispo denunció la vergonzosa situación de abandono y explotación que sufrían las comunidades indígenas y afirmó que la Iglesia continuaría su misión, a pesar de la prohibición. Por su compromiso con el Evangelio, sufrió amenazas y persecución.

Nacido en Pontestura el 1 de noviembre de 1919, fue ordenado sacerdote el 3 de junio de 1943. Perteneciente a la Congregación de los Misioneros de la Consolata, fue misionero en África y en Brasil. Nombrado prelado de Roraima y obispo titular de Nasai el 14 de mayo de 1975, fue consagrado en la Iglesia de S. Filippo, en Casale Monferrato, el 5 de octubre de 1975 por Mons. Carlo Cavalla. La entonces prelatura de Roraima se convirtió en diócesis a finales de 1979. Mons. Mongiano dirigió la Iglesia de Roraima durante 21 años con un compromiso constante con la comunidad indígena Yanomani oprimida por la explotación minera de sus tierras. Obispo emérito en 1996, regresó a Italia donde continuó su ministerio en la Casa de la Consolata en Turín antes de trasladarse a su ciudad natal, a la casa de la familia, donde vivía con su hermana Caterina. Aquí, el 11 de abril, Sábado Santo, tuvo una caída y, trasladado al hospital, en Casale Monferrato, donde, debido a su edad, se decidió no continuar con la cirugía. Su funeral se celebrará de forma privada mañana sábado a las 10:30h, en el cementerio de Pontestura presidido por Mons. Sacchi.

Cuando celebró su cumpleaños, pocos días después de la clausura de la Asamblea Sinodal del Sínodo para la Amazonía, decía: “Solo recibí favores y gracias de Dios. Recibí muchos regalos. Me entristece no haber sido más generoso al responderle al Señor. Podría haber sido más dedicado, más dispuesto a sacrificarme, más amoroso. Pido perdón por mis límites, mis pecados, y les agradezco tanta amabilidad”. Y añadía “Esa era mi misión. Debía anunciar al Señor, hablar de un Dios bueno, de un Dios misericordioso, que envió a su Hijo para salvarnos, que vino a enseñarnos cómo guiar nuestros pasos en el camino de la vida. Nunca pensé que recibiría tantos honores, tantas gracias, tanta misericordia, tanta amabilidad”.