OMPRESS-CHAD (10-04-19) El pasado 2 de abril tenía lugar al mismo tiempo dos celebraciones eucarísticas, una en San Giovanni Rotondo, Italia, y otra en Doba, Chad, ambas para recordar a quien fue el primer obispo de Doba, el misionero comboniano Michele Russo. Fallecido el 29 de marzo, este misionero nació en San Giovanni Rotondo, el conocido pueblo del Padre Pío a quien él conoció, en 1945. Ordenado sacerdote en 1970, marchó como misionero a África donde dio 35 años de su vida, 23 de ellos como obispo de Doba, desde 1989.

“África me ha cambiado y formado”, decía en una entrevista en Italia. Quería “decir y gritar la verdad para que el mundo escuche la voz de África que es mi tierra, cada vez más explotada, donde viven mil millones de personas, donde no hay personas mayores porque mueren a los 40”. Y añadía: “El problema de África es África, y por lo tanto necesitamos ver qué hacer para organizarnos, qué hacer para desarrollar África porque ya no tenemos que jugar con África. Ahora es el momento de desarrollar África donde la Iglesia hace todo hoy… Si el mundo está sordo ante las exigencias de África, la Iglesia no puede serlo”.

Condenado por haber criticado la inadecuada gestión de los recursos obtenidos del petróleo, fue expulsado por las autoridades de Chad en octubre de 2012. La reacción fue tal que en diciembre del mismo año, el gobierno se retractó de su decisión y Mons. Russo pudo volver a su querido Chad. En enero de 2014, su estado de salud ya no le permitió seguir con sus tareas misioneras y el Papa aceptó su renuncia.

Su sucesor en Doba, Mons. Martin Bani, recordaba que la fecha de fallecimiento de Mons. Russo coincidía con un aniversario importante para la Iglesia en Chad. Hace 90 años, el 29 de marzo de 1929, llegaban los primeros misioneros católicos a Kou Doholo y comenzaba la evangelización. Hoy ya es una realidad el lema de San Daniel Comboni, que adoptó como propio Mons. Russo, “evangelizar África por África”.

“Lo que Mons. Russo fue e hizo por esta Iglesia-Familia de Dios que está en Doba y en Chad, solo puede explicarse por el amor inquebrantable que Cristo ha manifestado en su vocación misionera y solo puede explicarse por su cercanía a las personas a las que Él lo envió como pastor”. Y terminaba: “El gran desafío tanto para mí y para nosotros, Iglesia-Familia de Dios en Doba, es llevar adelante la herencia de Mons. Russo”.