OMPRESS-KENIA (29-06-20) El nuncio de su Santidad en Kenia, Mons. Bert van Megen, ha sido el cauce de solicitud de ayudas enviadas a casi la totalidad de las diócesis del país, cuyo clero, fieles y población han sufrido las consecuencias de la pandemia.

Nairobi, la capital y la diócesis más grande del país, ha estado en el centro de la crisis, al ser el lugar donde más casos se han dado de coronavirus, y porque la Iglesia, por su labor y cercanía, es fuente de esperanza y refugio para todos. De hecho, desde el primer momento las 114 parroquias que conforman la archidiócesis adoptaron un programa para llevar alimento a los vulnerables y necesitados, sobre todo en las inmensas zonas de slums y “favelas” que rodean la urbe. Todo se canalizó a través de las 12 parroquias enclavadas en estas zonas marginales. Los católicos se han volcado en ayudar, pero es un hecho que la mayoría de los ciudadanos de Nairobi han dejado de tener ingresos regulares con el confinamiento. La suma enviada por el Fondo de Emergencia irá destinada a esta labor.

Se ha ayudado con sumas destinadas a alimentos y necesidades básicas a las diócesis de Nyahuru. En la diócesis de Bungoma la ayuda es para la compra de comida para los estudiantes de las escuelas primarias y secundarias en las regiones más pobres, algunas de las cuales han quedado sumergidas en las inundaciones de los últimos meses. En la diócesis de Garissa, en la frontera con Somalia, se apoyan los siete proyectos para compra de alimentos e instalación de fuentes de agua, un bien absolutamente precioso. En Muranga, también está destinada a la compra de comida para niños pobres y, también, para el sostenimiento de los seminaristas. Así han recibido dinero para la compra de alimento las diócesis de Mombasa, Homa Bay y el Vicariato Apostólico de Isiolo. Con el mismo fin se ha ayudado a la diócesis de Kitale y la de Marsabit.

Las Obras Misionales Pontificias agradecen la generosidad de tantas personas en el mundo que han apoyado el Fondo de Emergencia Internacional, creado por el Papa Francisco a través de Obras Misionales Pontificias, una ayuda que ya está llegando a las comunidades afectadas en los países de misión a través de las estructuras e instituciones de la Iglesia, que nunca, ni en guerras ni en crisis, han abandonado a la gente.