OMPRESS-JAPÓN (2-03-21) El padre Francisco Marín Clement es un Misionero Javeriano en Japón. Escribe desde Osaka, donde reconoce que, tras más de 40 años al servicio de la evangelización, ahora, entre achaques y medicamentos, sigue siendo misionero. Envía saludos a las Obras Misionales Pontificias, a esa “Casa, corazón de la Mision en España” y pide oraciones “por el buen éxito de la nueva misión que lo Javerianos acabamos de abrir en Marruecos. Actualmente es imprescindible dialogar y orar con el Islam, cosa de la que el Papa Francisco nos da un ejemplo maravilloso. Vamos a rezar también por su próximo y peligroso viaje a Irak. Para que sea una buena ocasión para la Paz y para los cristianos de esa martirizada misión”.

El padre Francisco cuenta que cuando cumplió los 75 años, “como es preceptivo, entregué a mi Arzobispo (archidiócesis de Osaka) mi renuncia como párroco de la parroquia de Fujiidera (provincia de Osaka). Una parroquia formidable en todos los sentidos: oración, liturgia, actividad misionera, obras sociales, etc. y estaba muy bien allí, precisamente por la activa y efectiva participación de los laicos. Pero como sacerdote estaba solo, aunque formando parte de una unidad pastoral de varias parroquias. En resumen; el trabajo era ya demasiado para mí y me cansaba mucho, hasta que después de la Navidad del 2020 tuve una ruptura psicofísica muy grande: Después de Navidad de ese año la Misa diaria a las Monjas, que tienen la Escuela Materna aneja a la parroquia, la tenía que celebrar sentado. Dos veces me caí durante la Misa y era incapaz de ordenar mi cabeza para hacer mi servicio. Mis actividades misioneras extraparroquiales las tuve que dejar… en fin, un desastre. Por eso, y otra vez con la participación del Provincial tuve que decirle al Arzobispo que dejaba la parroquia. El Arzobispo, hoy también Cardenal, entrañable como persona, aceptó. Y tuve que ausentarme de la parroquia, con gran decepción para los laicos, en la Pascua del año pasado y vine a vivir a la Casa Provincial de los Javerianos y aquí estoy.

Como cosa curiosa, actualmente sigo tomando 17 pastillas después del desayuno, una a mediodía, otra a media tarde y 6 después de cenar. Y en lo últimos meses en la parroquia perdí 13 kilos porque no tenía fuerzas ni para hacer la compra y hacerme la comida… Aquí, en la Casa Provincial, al menos, tengo todos los servicios garantizados y eso me ayuda mucho.

Además participo en un turno semanal para celebrar la Misa en 4 parroquias de este distrito diocesano, aunque sin homilía, pero siempre con unas palabras de testimonio misionero en algunas partes de la Misa. El resto de la semana la empleo para hacer pequeños trabajillos aquí en la casa y descansar. Lástima que por la situación de esta región a causa de la pandemia, casi no puedo (podemos) salir de casa ni para dar un paseo. Somos 6 en comunidad y además 4 trabajadores externos que tienen sus familias, y si tuviéramos tan solo un contagio, todos se contagiarían. Y la responsabilidad es grande.

Pero la verdad es que la cuestión de mi situación actual no me preocupa demasiado. Si he dado 41 años al servicio de la evangelización a nivel activo, ahora sigo siendo misionero en una forma más pasiva, pero en todas las ocasiones que puedo no me olvido que el primer carisma de mi vocación es la primera evangelización. Y esto no es porque yo sea cura, sino por vocación nacida desde pequeño en el Colegio de Carmelitas de Vedruna que frecuentaba y más tarde en más actividades misioneras, sobre todo en Elche, a donde mi familia se trasladó por el trabajo de mi padre e incluso donde trabaje 8 años como delineante de la construcción, antes de decidirme a entrar en los Misioneros Javerianos a mis 24 años”.