OMPRESS-ASÍS (5-10-20) El Papa Francisco firmaba este sábado su tercera encíclica en la cripta de Asís, sobre la tumba de San Francisco, “que se sentía hermano del sol, del mar y del viento”, pero “se sabía todavía más unido a los que eran de su propia carne”. En “Fratelli tutti”, dedicada a la fraternidad y a la amistad social, dice inspirarse en el Santo de Asís, que “sembró paz por todas partes y caminó cerca de los pobres, de los abandonados, de los enfermos, de los descartados, de los últimos”. Un texto que no pretende “resumir la doctrina sobre el amor fraterno, sino detenerse en su dimensión universal, en su apertura a todos”.

Articulada en ocho capítulos, el primero se dedica a hacer una consideración sobre “algunas tendencias del mundo actual que desfavorecen el desarrollo de la fraternidad universal”. La “sombras de un mundo cerrado”, el título, recoge los “sueños que se rompen en pedazos”, en el que se observa un fin de la conciencia histórica, el olvidar la propia tradición “manoseando”, expresiones como democracia, libertad, justicia que acaba convirtiéndose en “títulos vacíos de contenido que pueden servir para justificar cualquier acción”. Una sombra que está rodeada de otras, como el hecho de que en nuestro mundo no haya un proyecto para todos, se dé un “descarte mundial”, que los derechos humanos no sean suficientemente universales, que haya innumerables situaciones de conflicto y miedo, y que la globalización y el progreso no tengan un rumbo común. Denuncia la agresividad sin pudor, con insultos, maltratos, descalificaciones, latigazos verbales hasta destrozar la figura del otro.

La base de la encíclica, el segundo capítulo, “un extraño en el camino”, no es sino una reflexión sobre la parábola del buen samaritano, una parábola que “recoge un trasfondo de siglos” y ante la que hay que preguntarse “¿con quién te identificas?”. Por eso, “esta parábola es un ícono iluminador, capaz de poner de manifiesto la opción de fondo que necesitamos tomar para reconstruir este mundo que nos duele. Ante tanto dolor, ante tanta herida, la única salida es ser como el buen samaritano”. Una parábola que nos lleva a hacernos prójimos de todos “sin fronteras”, a sentir la interpelación del forastero.

A partir de esta base se suceden los capítulos que son las propuestas que hace el Papa Francisco para lograr la fraternidad y la amistad social:

“Pensar y gestar un mundo abierto” (capítulo tercero) con el valor único del amor que promueve a las personas;

“Un corazón abierto al mundo entero” (capítulo cuarto), que tenga “sabor local” y un “horizonte universal”;

“La mejor política” (capítulo quinto), que evite populismos que utilicen a los débiles para sus fines o liberalismos al servicio de los intereses económicos de los poderosos y sea consciente de que la “caridad está en el corazón de toda vida social sana y abierta”.

“Diálogo y amistad social” (capítulo sexto) que lleve a una nueva cultura, para construir en común: el encuentro hecho cultura.

“Caminos de reencuentro”, (capítulo séptimo), porque “en muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia”.

El capítulo octavo, “las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo”, recuerda el fundamento último de todo lo anterior: “Los creyentes pensamos que, sin una apertura al Padre de todos, no habrá razones sólidas y estables para el llamado a la fraternidad. Estamos convencidos de que sólo con esta conciencia de hijos que no son huérfanos podemos vivir en paz entre nosotros”. Porque “Si no existe una verdad trascendente, con cuya obediencia el hombre conquista su plena identidad, tampoco existe ningún principio seguro que garantice relaciones justas entre los hombres”. Todo ello sin que los cristianos escondan que “si la música del Evangelio deja de vibrar en nuestras entrañas, habremos perdido la alegría que brota de la compasión, la ternura que nace de la confianza, la capacidad de reconciliación que encuentra su fuente en sabernos siempre perdonados‒enviados. Si la música del Evangelio deja de sonar en nuestras casas, en nuestras plazas, en los trabajos, en la política y en la economía, habremos apagado la melodía que nos desafiaba a luchar por la dignidad de todo hombre y mujer”. El Papa Francisco vuelve aquí a incluir el texto del llamamiento conjunto que hicieron él y el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb desde Abu Dabi en febrero de 2019 y que concluye: “ En el nombre de Dios y de todo esto […] ‘asumimos’ la cultura del diálogo como camino; la colaboración común como conducta; el conocimiento recíproco como método y criterio”.

“En este espacio de reflexión sobre la fraternidad universal”, concluye el Papa”, me sentí motivado especialmente por san Francisco de Asís, y también por otros hermanos que no son católicos: Martin Luther King, Desmond Tutu, el Mahatma Mohandas Gandhi y muchos más. Pero quiero terminar recordando a otra persona de profunda fe”. Esta figura es la del beato Carlos de Foucauld, que en medio del desierto africano deseaba ser “el hermano universal”: “Pero sólo identificándose con los últimos llegó a ser hermano de todos. Que Dios inspire ese sueño en cada uno de nosotros. Amén”.