OMPRESS-ROMA (10-04-18) El capítulo tercero de la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate, “A la luz del maestro”, busca responder a la pregunta “¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?”. La respuesta del Papa Francisco son las bienaventuranzas, que recorre una a una. Cada reflexión acaba con un estribillo: “Ser pobre en el corazón, esto es santidad”; “reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad”; “saber llorar con los demás, esto es santidad”…

Recuerda el Papa cuál es el culto que más agrada a Dios: “Quien de verdad quiera dar gloria a Dios con su vida, quien realmente anhele santificarse para que su existencia glorifique al Santo, está llamado a obsesionarse, desgastarse y cansarse intentando vivir las obras de misericordia”.

Muy interesantes son “algunas notas de la Santidad en el mundo actual”, que presenta en el cuarto capítulo. Son “cinco grandes manifestaciones del amor a Dios y al prójimo que considero de particular importancia, debido a algunos riesgos y límites de la cultura de hoy”. En primer lugar el “aguante, paciencia y mansedumbre”: “el testimonio de santidad, en nuestro mundo acelerado, voluble y agresivo, está hecho de paciencia y constancia en el bien”. Otra nota es la “alegría y sentido del humor”, porque “el mal humor no es un signo de santidad”. La tercera nota, la “audacia y fervor”, que son constitutivos de la misión, porque “Dios siempre es novedad, que nos empuja a partir una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras”. La cuarta nota es la vida “en comunidad”, porque “es muy difícil luchar contra la propia concupiscencia y contra las asechanzas y tentaciones del demonio y del mundo egoísta si estamos aislados”. La vida comunitaria, “sea en la familia, en la parroquia, en la comunidad religiosa o en cualquier otra, está hecha de muchos pequeños detalles cotidianos”. La última nota es la “oración constante”. Aquí recomienda el Papa a cada uno de nosotros: “Mira tu historia cuando ores y en ella encontrarás tanta misericordia. Al mismo tiempo esto alimentará tu consciencia de que el Señor te tiene en su memoria y nunca te olvida. Por consiguiente, tiene sentido pedirle que ilumine aun los pequeños detalles de tu existencia, que a él no se le escapan”.