OMPRESS-ROMA (10-04-18) El último capítulo de la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate, lo dedica el Papa Francisco al combate, a la vigilancia y al discernimiento. No es cuestión solo de un combate contra el mundo y la mentalidad mundana, “que nos engaña, nos atonta y nos vuelve mediocres sin compromiso y sin gozo. Tampoco se reduce a una lucha contra la propia fragilidad y las propias inclinaciones (cada uno tiene la suya: la pereza, la lujuria, la envidia, los celos, y demás). Es también una lucha constante contra el diablo, que es el príncipe del mal”. Advierte que el maligno es “algo más que un mito”, porque “precisamente, la convicción de que este poder maligno está entre nosotros, es lo que nos permite entender por qué a veces el mal tiene tanta fuerza destructiva”.

En cuanto al discernimiento, “nos libera de la rigidez, que no tiene lugar ante el perenne hoy del Resucitado. Únicamente el Espíritu sabe penetrar en los pliegues más oscuros de la realidad y tener en cuenta todos sus matices, para que emerja con otra luz la novedad del Evangelio”. No se trata de “un autoanálisis ensimismado, una introspección egoísta, sino una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos”.

En línea con la sencillez que debe ser esta santidad «de la puerta de al lado», de la que habla en esta exhortación, el Papa quiere “que María corone estas reflexiones”. Porque “Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…»”.