OMPRESS-ROMA (10-04-18) En el capítulo segundo de la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate, el Papa, tras tratar el llamado a la santidad de todos los cristianos, pone en guardia contra “dos sutiles enemigos de la santidad”. El primero de estos enemigos es el gnosticismo, que ilustra con rasgos como: “cuando alguien tiene respuestas a todas las preguntas, demuestra que no está en un sano camino”, y también al “creer que porque sabemos algo o podemos explicarlo con una determinada lógica, ya somos santos, perfectos, mejores que la «masa ignorante»”. El segundo enemigo es el pelagianismo, “una voluntad sin humildad”, que “se manifiesta en muchas actitudes aparentemente distintas: la obsesión por la ley, la fascinación por mostrar conquistas sociales y políticas, la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, la vanagloria ligada a la gestión de asuntos prácticos, el embeleso por las dinámicas de autoayuda y de realización autorreferencial”.

Ante estos peligros el Papa presenta la solución de Cristo, el amor a Dios y al prójimo, el resumen de la Ley. Entre tantos preceptos de su tiempo, “Jesús abre una brecha que permite distinguir dos rostros, el del Padre y el del hermano. No nos entrega dos fórmulas o dos preceptos más. Nos entrega dos rostros, o mejor, uno solo, el de Dios que se refleja en muchos”.

Pues, “¿qué es lo que queda?, ¿qué es lo que tiene valor en la vida?, ¿qué riquezas son las que no desaparecen? Sin duda, dos: El Señor y el prójimo. Estas dos riquezas no desaparecen”.