Los territorios de misión son las zonas donde la Iglesia local está en una situación más precaria, y necesita nuestra ayuda para subsistir. Por eso el Santo Padre, a través de sus Obras Misionales Pontificias, las atiende durante todo el año, a través de los llamados Fondos de Solidaridad de las OMP. Dado que el coronavirus ha venido a agravar la pobreza en esas regiones, el Papa, atento a las graves consecuencias que esta pandemia está teniendo y tendrá en ellas, ha creado un Fondo de Emergencia Covid-19, un fondo extraordinario temporal que él mismo ha inaugurado con una contribución económica de 750.000 dólares.

La actualidad ha hecho que este Fondo de Emergencia aparezca en primer plano, pero no podemos olvidar, sobre todo cuando se acerca la Jornada de Vocaciones Nativas, el próximo 3 de mayo, que la Iglesia local en esos lugares tiene necesidades antes, durante y después del coronavirus; estas son las que atienden los Fondos de Solidaridad ordinarios de OMP, como el Fondo de la Obra de San Pedro Apóstol (SPA).

Las ayudas económicas se destinarán a la formación de los jóvenes que han sentido la llamada del Señor para consagrarse a través de la vida sacerdotal o religiosa, en un contexto de falta de recursos. La pandemia agravará la situación habitual de precariedad de los seminarios y noviciados en los territorios de misión. Las familias de las que provienen estas vocaciones nativas suelen ser familias humildes que no pueden cubrir el coste de sus estudios y que, ahora, podrán hacerlo todavía menos.

Una vez más, pedimos tu ayuda.

Conscientes de la importancia de apoyar a quienes el día de mañana serán columna de sus Iglesias en África, Asia, América y Oceanía, apelamos una vez más a la bondad de tu corazón y pedimos tu colaboración económica. Pedir este esfuerzo de generosidad no nos resulta sencillo, sabiendo que estos días recibes múltiples solicitudes para que des tu donativo. Sin embargo, lo hacemos con una convicción: la presencia de vocaciones locales en sus países es fundamental.

En efecto, nuestros hermanos en las naciones más empobrecidas aspiran a que sea “uno de los suyos” quien les confiese y les predique en su propia lengua y desde su propia cultura; alguien que pueda captar los síntomas, dolores e inquietudes de su enfermedad inmediatamente. Por eso, tenemos que permitir que los jóvenes que quieren servir a su pueblo como sacerdotes, religiosos o religiosas, no malogren su deseo por falta de medios.

Cuando esto es ya posible, los misioneros que han sembrado la fe, pasan el testigo a esas vocaciones locales. Ellos han cumplido el mandato del Señor y han llevado el Evangelio hasta los confines del mundo; ahora es el turno de los sacerdotes, religiosos y religiosas surgidos en esos confines. Si les ayudas, ellos seguirán cuidando de los suyos, para que, con la luz del Evangelio, transformen de raíz su vida y sus sociedades.