OMPRESS-INDIA (3-12-20) Por primera vez en 400 años la Basílica del Buen Jesús de Goa, que acoge la tumba de San Francisco Javier, no vivieron las peregrinaciones habituales de la fiesta del “Goinchea Saibche”, el señor de Goa, festejado por todas las religiones. Las restricciones del covid-19 han llevado a que los fieles hayan seguido por televisiones y por las redes las celebraciones de las últimas horas en torno al santo misionero que cruzó medio mundo. Era habitual en estas fechas ver a cientos de personas caminando hacia la tumba del santo para la novena de la Gracia. El rector de la basílica, el padre jesuita Patricio Fernandes, había informado a los fieles la imposibilidad de asistir a las misas. La basílica ha permitido sólo la presencia de 200 personas en la celebración de la fiesta presidida por el arzobispo de Goa, Mons. Filipe Neri Ferrao de Goa, una por cada parroquia de la diócesis.

Un 3 de diciembre de 1552 moría el santo navarro, en la isla china de Shangchuan. Estaba, literalmente, a la vista de China, puesto que desde la isla se veía el continente, a la que quería llegar como misionero. El Papa Francisco, hace unos años en la Iglesia del Gesù, la Iglesia de los jesuitas de Roma, recordaba el momento de la muerte del Patrono de las Misiones: “Siempre me ha gustado pensar en el ocaso del jesuita, cuando un jesuita acaba su vida, cuando declina. Y recuerdo siempre dos imágenes de este ocaso del jesuita: una clásica, la de san Francisco Javier, mirando China. El arte ha pintado muchas veces este ocaso, este final de Javier. También la literatura, en ese bello fragmento de Pemán. Al final, sin nada, pero ante el Señor; esto me hace bien: pensar en esto. El otro ocaso, la otra imagen que me viene como ejemplo, es la del padre Arrupe en el último coloquio en el campo de refugiados, cuando nos había dicho —lo que él mismo decía— «esto lo digo como si fuera mi canto del cisne: orad». La oración, la unión con Jesús. Y, después de haber dicho esto, tomó el avión, llegó a Roma con el ictus, que dio inicio a aquel ocaso tan largo y tan ejemplar. Dos ocasos, dos imágenes que a todos nosotros hará bien contemplar, y volver a estas dos. Y pedir la gracia de que nuestro ocaso sea como el de ellos”.