OMPRESS-SUDÁFRICA (12-02-21) El padre Sylvester Ponje es un misionero camerunés de los Misioneros de Mill Hill, que actualmente trabaja en Sudáfrica. El padre Ponje describe la situación actual que enfrentan muchos de sus feligreses en las localidades en las que trabaja, en medio de la pandemia. El misionero escribe a Missio Scotland, las Obras Misionales Pontificias de Escocia, en un momento en el que Sudáfrica ha saltado a los titulares de todo el mundo por la “cepa sudafricana” del virus.

“La pandemia del Covid-19, que actualmente azota al mundo”, cuenta este misionero camerunés, “ha traído consigo tremendas repercusiones adversas que son incluso peores para las personas más vulnerables. El impacto está paralizando la economía mundial y dejando a muchas personas sin empleo. También ha habido un aumento de los casos de hambre y de inanición entre los menos privilegiados”.

El padre Ponje, reconoce que “los más afectados en todo el mundo son los niños de familias desfavorecidas. Aquí, en Sudáfrica, sobre todo en localidades pequeñas como Oranjeville y Deneysville, donde trabajo, hay familias que viven con 1 libra al día. Apenas pueden permitirse el lujo de proporcionar la dieta equilibrada necesaria para una vida sana. Además de a los niños en las familias, esto también afecta a los niños de la calle, los adultos sin hogar, las personas infectadas por el VIH/SIDA y los niños que viven en hogares monoparentales o con sus abuelos”.

El número de víctimas en Sudáfrica, explica, “aumenta a diario y personalmente he perdido la cuenta de los afectados directamente por el coronavirus. Se ha buscado asistencia médica de Cuba para ayudar a lidiar con la situación y, hasta el momento, han ingresado al país más de 200 médicos y enfermeros de allí. Es un momento difícil para nosotros como Iglesia aquí en esta parte del mundo, pero la pandemia de Covid-19 nos invita a todos a la solidaridad y a compartir lo que yo describiría como ‘la alegría de dar’”.

Reconoce que “el apoyo alimentario es una medida de emergencia vital de la que dependen las personas vulnerables en este momento. Podemos ayudar a los pobres ayudándolos a cumplir con las normas de cierre, para que no pongan en riesgo sus vidas. Dada la naturaleza contagiosa del virus, si los pobres no gozan de buena salud, nosotros tampoco la tendremos. Su difícil situación también es la nuestra. En ese sentido, el apoyo recibido de las Obras Misionales Pontificias y de algunos de nuestros feligreses en el punto álgido del confinamiento fue vital en su momento para las comunidades de Deneysville y Oranjeville, a las que estoy sirvo con alegría. Las sumas recibidas nos han permitido comprar alimentos, ropa, desinfectantes y otros materiales valiosos que ayudaron a reducir la difícil situación de los más débiles. De hecho, la alegría en sus rostros y en sus corazones era evidente”.

El misionero cuenta cómo Sudáfrica estuvo sometida a confinamiento “desde marzo de 2020 hasta septiembre de 2020, cuando se reabrió, pero antes de que pudiéramos comenzar a alegrarnos, el país se ha cerrado una vez más. Las iglesias se han visto muy afectadas, especialmente la Iglesia católica, que solo es el 8% o de la población. Los sacerdotes y misioneros se han visto obligados a buscar formas de mantenerse a sí mismos y de mantener vivas y motivadas en su fe a sus pequeñas comunidades de fieles. Siempre tenemos que considerar cómo se gasta cada centavo, pero aún más en este momento”.