OMPRESS-REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO (1-04-20) Es el grito del obispo de Uvira, Mons. Sebastien Muyengo, y no es por el coronavirus, es ante el enésimo enfrentamiento y masacre en el este del Congo. En estos últimos días ha habido ataques de milicianos Mai Mai Bakata Katanga en varias ciudades del sur del Congo, en Lubumbashi, Likasi, Kasumbalesa, Bunkeya y Kakanda. La revista de los combonianos en Italia, Nigrizia, ha recogido la carta escrita por el obispo.

La Iglesia católica sigue elevando su voz para denunciar estos crímenes que, en nuestra preocupación por el coronavirus, ya no son noticia. Los Mai Mai Bakata Katanga son otro de esos grupos que mantienen el caos para que los minerales de esta zona se puedan saquear. En su momento reclamaron la independencia de Katanga del resto del Congo, hoy ya no se sabe lo que quieren. Mons. Muyengo ha luchado durante años contra todas estas violencias, recibiendo repetidas amenazas de muerte. Por eso se pregunta: “¿Hasta cuándo, Señor?”:

“¿Cómo hacemos al escuchar noticias como estas mientras el mundo entero está en guerra contra el coronavirus que corre el riesgo de exterminarnos a todos? ¿Debemos juntar estos muertos a los que no dejan de aumentar estos días en todo el mundo? ¿Qué queremos, en definitiva, que salga de este país? Rezo de verdad por la conversión de nuestros corazones. Más allá del Evangelio, la buena noticia de la que el mundo entero tiene hambre y sed, este podría ser el mensaje importante que nos da el coronavirus: si no cambiamos el rumbo del mundo en dirección a la humanidad, fraternidad, solidaridad, paz, justicia, igualdad, humidad y sobriedad, moriremos todos.

En este periodo de Cuaresma, creo sinceramente que este pequeño virus tiene algo que enseñarnos en relación a nuestra humanidad debilitada por el pecado, el orgullo, la sed de poder. Como el Papa Francisco, pidamos a Dios que no nos deje a merced de la tempestad y recemos verdaderamente por el cambio de rumbo de nuestros corazones. De noche pienso con frecuencia en el Salmo 82 que dice ‘sois dioses, e hijos del Altísimo todos’. En vez de considerarnos hijos que se asemejan al Padre en el amor, nos consideramos ‘padre eternos’ que pueden subyugar la tierra. Violentarla y saquearla. Tenemos una creación excesivamente bajo estrés. El G8, las grandes potencias mundiales, nos han hecho creer en su poder para dominar la naturaleza hasta olvidar a su Creador.

Hoy, sin embargo, un pequeño virus invisible viene a revelar nuestra impotencia, fragilidad y pequeñez. Podría ser el momento de pararnos, sentarnos para meditar, reflexionar, orar, mirar atrás y, sin embargo, las masacres y la violencia siguen en nuestro amado país. ¿Hasta cuándo, Señor? Debería ser el momento para decir como el hijo pródigo: me levantaré e iré a casa de mi Padre, y le diré: Padre, he pecado contra la creación y contra ti, el Creador”.