OMPRESS-MALLORCA (22-05-20) Es el título de la carta que ha enviado el obispo de Mallorca, Mons. Sebastià Taltavull, a todos los misioneros de la diócesis esparcidos por todo el mundo; pero no son solo palabras, desde Mallorca han estado en contacto directo con todos ellos, haciéndoles llegar ayudas. “Haber organizado un grupo de whatsapp desde el secretariado de Misiones está siendo una experiencia entrañable de intercomunicación «con» y «entre» los misioneros y misioneras mallorquines. Para muchos de ellos ha sido un verdadero descubrimiento entrar en contacto desde los diversos países donde viven y desarrollan su labor misionera. La idea nos vino en el momento en el que nos dimos cuenta de cómo se estaba extendiendo la enfermedad del coronavirus y pasaba de ser una epidemia a una pandemia”, escribe el obispo de Mallorca.

Además, “viviendo el sufrimiento aquí, con los medios y recursos sanitarios de los que disponemos, saltaba de nuevo la pregunta: «¿Cómo lo deben vivir los países que no disponen de medios?». Pensamos que en estos países había muchos conciudadanos y conciudadanas nuestros que por supuesto estaban ya haciendo frente al azote de la pandemia y probablemente les faltaba lo más esencial. Hace ya unas semanas que estamos recibiendo información diaria. Hemos podido conocer la situación en que están y los pocos medios de que disponen, lo que ha hecho que desde el primer momento les preguntáramos qué necesitan. Inmediatamente muchos ya han respondido y otros lo están preparando. De momento, estamos haciendo un primer envío que asciende a unos 120.000 euros, a partir de las peticiones que nos han hecho. En ocasión de la Diada de Mallorca Misionera queremos hacer una llamada a colaborar, aunque sea con poca aportación debido a que estamos en un momento muy dificultoso para todos. Es el gesto que hace que un océano exista gracias a las pequeñas gotas de agua que lo forman. La solidaridad no tiene límite y siempre es expresión de un amor sólido, de un corazón que ve donde hay necesidad y actúa en consecuencia”.

Los envíos hechos hasta ahora, gracias a la solidaridad y amor a las misiones de los fieles de Mallorca, han llegado, literalmente, a todos los confines de la tierra, ayudando en muchos casos a una de las mejores expresiones del corazón maternal de la Iglesia, que son las religiosas. Ellas con donativos de 3.000 a 6.000 euros hacen milagros. Han enviado ayuda a las hermanas del Amparo a dar alimentos en Honduras; a las Agustinas del centro de niños con cáncer, “Rayito de Esperanza”, en Perú; a las Misioneras de Cristo Jesús y a su Hospital de Kole en el Congo; a las hermanas de la Pureza de María en Camerún, con su hogar de niños de etnia pigmea… Y sigue la lista, pasando por Paraguay, Pakistán, Bolivia, Burundi, Colombia, Togo…

“Debemos curar y rehacer nuestra mirada miope hacia los países más pobres”, proseguía Mons. Taltavull, “lo que significa que muchas veces no somos capaces de hacernos cargo de la estrechez que están pasando y de las pandemias que constantemente los acosan. No es una broma que cada año mueran casi cuatrocientas mil personas a causa de la malaria, y que se prevea un aumento del doble en poco tiempo en lugares donde la esperanza de vida está entre los 25-30 años. Esta nueva mirada debe superar fronteras étnicas e internacionales, y debe abrirse a la universalidad que define tan bien nuestra Iglesia católica, es decir, salir de una visión excluyente y abrirse a la vivencia de la fraternidad universal”.

“Nuestros misioneros y misioneras lo han entendido bien, ya que sabían que haciendo tanta labor humanitaria también extendían el Evangelio, y la razón es muy clara: la confianza la han puesto en Jesús, que dice ‘¡No temáis, yo estoy con vosotros cada día!’. Con este cariño y confianza también nosotros, desde Mallorca, queremos estar a su lado”.