OMPRESS-ARGENTINA (20-07-18) Ayer jueves, en el cementerio de Chamical, La Rioja, Argentina, se reunió un gran número de fieles para trasladar los restos de los mártires Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias, a los 42 años de su asesinato, hasta la Parroquia El Salvador de esta localidad argentina, donde permanecerán para la oración y veneración de los fieles.

Gabriel Longueville era un sacerdote misionero francés, ambos del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo y Carlos de Dios era franciscano conventual. El obispo de la Rioja, Mons. Enrique Angelelli, les pidió que fueran párroco, Gabril, y vicario parroquial Carlos, del entonces pequeño pueblo de Chamical. El 18 de julio de 1976 fueron secuestrados por unas personas que dijeron pertenecer a la policía. A la mañana siguiente, el día 19 de julio, aparecieron los cadáveres a unos cinco Km al sur de Chamical, acribillados a balazos, maniatados y con evidentes signos de haber sido torturados. Mons. Angelelli, su obispo, sería asesinado también el 4 de agosto de 1976, precisamente cuando volvía de una misa en recuerdo de Gabriel y Carlos.

Una vez trasladados los cuerpos a la parroquia, cerca de dos mil fieles caminaron en procesión hasta la Gruta de los Mártires, en el paraje Bajo de Luca, donde fueron encontrados asesinados en 1976. Allí compartieron una misa en acción de gracias, presidida por el arzobispo electo de Mendoza y administrador apostólico de La Rioja, Mons. Marcelo Colombo. Entre otros obispos y sacerdotes, la Eucaristía fue concelebrada por el obispo de Viviers, Francia, diócesis de origen del padre Longueville, Mons. Jean Louis Balsa. El Obispo de Viviers llegó acompañado de 30 jóvenes de su diócesis, entre ellos tres seminaristas, para participar de una experiencia de voluntariado en la provincia de La Rioja durante el mes de julio.

En su homilía, monseñor Colombo, recordó las últimas expresiones de fray Carlos “en esa homilía del día 16 por la tarde: ‘Podrán acallar la voz de Carlos, podrán acallar la voz del padre Carlos, la voz del obispo, pero no se podrá apagar nunca la fuerza, la voz del Evangelio’”, citó. “Esa expresión tiene que hacernos a nosotros más que nunca sensibles al legado sagrado que ellos significan para nosotros. Somos herederos de una opción definitiva por Dios, por su Pueblo y por los valores de su Reino”.