OMPRESS-HONDURAS (12-12-17) El 3 de diciembre pasado el Papa Francisco, en el ángelus del domingo, pedía a los peregrinos que rezaran por el pueblo de Honduras, que está envuelto en una crisis política. Tanto los obispos como otras instituciones han denunciado la manipulación de las elecciones en este país centroamericano, sin embargo la violencia se ha instalado en las calles.

La misionera laica de la diócesis de Calahorra, María Gloria Sáenz Blanco, explica en primera persona cómo se vive el día a día en Honduras: “¡Padre, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos! Son las 10.30pm de un martes 5 de diciembre, quinto día de toque de queda en Honduras. La alarma de mi reloj estará sonando, como todos los días invitando a levantarme, a las 3.45am. La gente sigue desafiando las leyes y a las autoridades. Por quinto día consecutivo, se ha tirado a las calles a hacer sonar sus cacerolas, la música, los cohetes… queman llantas, gritan… imposible conciliar el sueño, así que mejor escribo y comparto qué siento ante todo esto. De todas formas… ahorita no terminan.

Estaba dando vueltas en la cama cuestionándome sobre este relajo de ahí afuera. La gente en este país madruga. Muchos entran a trabajar a las 6am, otros a los 7am y los que más tarde a las 8am. ¿Será tener caridad con el prójimo hacer semejantes relajos cuando hay gente que trabaja o niños, ancianos y enfermos que necesitan descansar? ¿Acaso esto no es otra forma de violencia? ¿Jesús también estaría en medio de esas protestas? ¿Así construimos el Reino? Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia pero… ¿Violentando los derechos de los otros y faltando al respeto? ¿Qué estamos enseñando así a los niños? Lo que están viendo de sus mayores estos días es: cómo saquean, cómo se toman las carreteras, cómo destruyen casetas de peaje, cómo irrespetan las leyes, cómo hacen ‘berrinche’ en las noches… ¿Qué herencia estamos dejando a los niños? Y con esto no digo que no se haga justicia pero la lucha ha de hacerse de forma pacífica, como Jesús nos enseñó. La violencia solo engendra violencia. ¿Qué vamos a celebrar en esta Navidad si nuestro corazón está lleno de odio, de amargura, de resentimiento, de cólera…?

Si defendiéramos nuestra fe y creyéramos con tanta fuerza como la gente defiende ahora a un partido político y al que quieren que sea su presidente… este mundo sería distinto. Pero no es así… porque acá todos creemos en Dios pero en el que nos hemos fabricado en nuestra mente, y esa idea de Dios está muy lejos de parecerse al Dios de Jesús por eso actuamos como actuamos.

‘¡Padre, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos!’… Ese es mi grito y mi oración desde hace unos días… unos porque hacemos el mal, otros porque con nuestras palabras agredimos, otros porque damos rienda suelta a nuestros pensamientos y luego se manifiestan en acciones incorrectas, y otros porque nos quedamos de brazos cruzados cuando se nos pide que respondamos ante las necesidades de los otros y la realidad que nos rodea con propuestas alternativas donde el amor y la paz sean la base. “Padre, ¿qué sientes cuándo contemplas “nuestra Honduras”?” Ante este caos que está dividiendo y enemistando a la población por creencias políticas, imagino a tu Hijo, imagino a Jesús clavado en la cruz llorando desconsoladamente mientras observa cómo poco a poco el mal va ganando terreno y nos hacemos daño y destruimos. Imagino a Jesús llorando y sintiendo una profunda tristeza en su alma y en su corazón mientras eleva su plegaria a Dios diciéndole una vez más: ‘¡Padre, perdónales porque no saben lo que hacen!’. ¿Por qué no nos sentamos y hacemos un discernimiento a la luz de la fe? ¿A dónde nos va a llevar todo esto? ¿Qué medidas y acciones podemos tomar para defender nuestros derechos y que se haga justicia de forma pacífica?

Ya no más violencia… Honduras ya no necesita que se derrame más sangre de forma violenta… seamos instrumentos del amor y de la paz de Dios… seamos fieles seguidores de Jesús no solo de palabra sino también con nuestras obras… seamos coherentes con la fe que profesamos… seamos constructores del Reino de Dios, que nada tiene que ver con los poderes de este mundo, y recordemos que TODOS SOMOS HERMANOS”.