OMPRESS-ROMA (5-11-19) Hoy se celebra la festividad de San Guido María Conforti, uno de los grandes impulsores del renacimiento misionero del siglo XX. Obispo de Parma, fundador de los Javerianos y cofundador de la Pontificia Unión Misional – una de las cuatro Obras Misionales Pontificias – estaba convencido que la misión es responsabilidad de todos y que no hay un allí – en las misiones – y un aquí – en casa. “Con el pretexto de vivir para Dios, no tengo el derecho de abstenerme de vivir para mis hermanos”, decía, “porque la señal por la que Dios reconoce a quien vive para Él es la caridad, es decir, la vida entregada por los demás”.

San Guido Maria Conforti nació en Casalora di Ravadese, cerca de Parma, el 30 de marzo de 1865, octavo de diez hijos. En Parma, hizo los estudios de primaria en los Hermanos de las Escuelas Cristianas. De camino a la escuela, pasaba por la Iglesia de la Paz. Guido entraba todos los días y se paraba frente al Crucifijo: “Yo lo miraba y Él me miraba y me parecía que decía tantas cosas”, recordará ya obispo. Precisamente del encuentro con ese Crucifijo nació en el joven Conforti la vocación sacerdotal. A pesar de la resistencia de su padre, en 1876 Guido entró en el seminario de Parma. Sin ser sacerdote, fue nombrado vicerrector del mismo seminario y siguió siéndolo después de su ordenación, demostrando cualidades notables como educador. Durante los años del seminario, Conforti leyó una biografía de San Francisco Javier, el misionero jesuita que anunció el mensaje de Cristo en toda Asia hasta Sancián, a las puertas de China, donde murió en 1552. El joven estaba fascinado por la figura de Javier y se sintió llamado a continuar la obra que había quedado por cumplir. Esta fue la chispa inspiradora de su nueva vocación: la misionera.

Superando no pocos obstáculos, debido a su frágil salud, fue ordenado sacerdote en el santuario de Fontanellato, Parma, en 1888. No pudo ser admitido en ningún instituto misionero por su precaria salud, pero esto no lo detuvo en su ideal misionero y el 3 de diciembre de 1895, fiesta de San Francisco Javier, daba inicio al Instituto Emiliano para las Misiones Extranjeras, que sería reconocido oficialmente como la Congregación de San Francisco Javier para las Misiones Extranjeras, los javerianos, el 3 de diciembre de 1898. Los dos primeros misioneros javerianos, Caio Rastelli y Odoardo Mainini, partían para China.

En los años siguientes, continuó su actividad como Vicario General en Parma, hasta que fue llamado por León XIII a dirigir la archidiócesis de Rávena. El 11 de junio de 1902, el día de su ordenación episcopal, Conforti hizo los votos religiosos junto con el voto de dedicarse sin reservas al anuncio del Evangelio ad gentes. Desafortunadamente, su salud empeoró y, después de solo dos años, tuvo que abandonar su cargo en la Archidiócesis de Rávena: regresó así a Parma, a su Instituto Misionero, donde pudo seguir la formación de los jóvenes aspirantes misioneros. Pero le esperaban nuevas tareas: Pío X inicialmente lo nombró coadjutor con derecho a sucesión del obispo de Parma, diócesis que rigió desde 1907 durante casi 25 años. La instrucción religiosa fue el punto clave de su compromiso pastoral. Afrontando fatigas y dificultades sin número, realizó cinco veces la visita pastoral de toda la diócesis, celebró dos sínodos diocesanos, instituyó y promovió la Acción Católica, sobre todo juvenil. Cuidó especialmente la cultura y la santidad del clero, la formación de los laicos, las asociaciones católicas, la prensa católica, las misiones populares, los congresos eucarísticos, marianos y misioneros.

Participó activamente en la difusión de las Obras Misionales Pontificias y colaboró con el Beato Paolo Manna en la fundación de la Pontificia Unión Misional, convirtiéndose en su primer presidente. Nuevo misioneros javerianos partieron para China y él mismo consagró como obispo, en la catedral de Parma en 1912, a uno de sus misioneros, el padre Luigi Calza, obispo de Cheng-Chow. En 1928 viajó a China para visitar a sus misioneros, confirmando el vínculo de comunión entre la Iglesia de Parma y la joven iglesia en Hunan occidental. De vuelta en Parma, reanudó la actividad pastoral, pero su salud empeoró. El 5 de noviembre de 1931, recibidos la unción de enfermos y el Viático, profesada públicamente su fe y habiendo implorado a Dios por su clero y su pueblo, Mons. Guido Maria Conforti descansó en el Señor. En su funeral se dio cita toda la diócesis de Parma. Fue beatificado por San Juan Pablo II el 17 de marzo de 1996 y proclamado Santo por el Papa Benedicto XVI el 23 de octubre de 2011.