OMPRESS-MALAWI (25-01-19) Son 50.000 niños, pertenecen a Infancia Misionera y desde hace varios años, en Lilongwe, Malawi, unen a su conciencia de ser pequeños misioneros del amor de Jesús la preocupación por el medio ambiente. Quieren cambiar el rumbo de deforestación que ha llevado a su país al límite. Así que entre las actividades que los grupos de Infancia Misionera en las parroquias de Lilongwe siempre está la plantación de árboles. Es la respuesta que los niños de Infancia Misionera han dado a una pregunta del Papa Francisco: “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?”.

La pregunta la hacía el Papa en su encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común. En esa encíclica, calificada de “ecológica”, el Papa recomendaba asumir el deber de cuidar la creación con pequeñas acciones cotidianas, como apagar las luces innecesarias y “plantar árboles”.

En Malawi esto es especialmente necesario. Es un país pequeño que nunca ha contado con grandes selvas lluviosas como el Congo u otros países de África. El bosque normal es el llamado “miombo”, la palabra bantú para referirse a bosques de árboles de fabáceas – esas cuyos frutos se parecen a los de las legumbres – y que son típicos de zonas semiáridas. El 85% de las pocas zonas arboladas que quedan en Malawi son de este tipo.

Alrededor de las parroquias de Lilongwe ya se nota el cambio, porque la apuesta por la reforestación es decidida. El año pasado incluso invitaron al vicepresidente de Malawi, el señor Saulosi Chilima, a la Jornada de Infancia Misionera para que entregara los premios por su labor destacada a 30 niños de Infancia Misionera.

Como la Obra Pontificia de la Infancia Misionera es una gran familia, a estos niños se les ha hecho llegar 5.000 dólares de lo recaudado por el resto de los niños del mundo. El lema de Infancia Misionera, “los niños ayudan a los niños”, se ha hecho una vez más realidad y con ese dinero se han comprado semillas y pequeñas plantas que, gracias a las niñas y niños de Lilongwe, llegarán a ser grandes árboles. No sólo hay que plantar, también hay que cuidar lo plantado. Los niños de Malawi no están “haciendo algo”, están conformando un estilo de vida.

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