“LA MISIÓN ES PRECIOSA; LOS NIÑOS ALUMBRAN CON SU LUZ DE TERNURA NUESTROS CORAZONES”

 

Mons. Arturo Pablo Ros,

Obispo Auxiliar de Valencia

Nacido en 1964, Mons. Arturo Pablo Ros Murgadas es obispo auxiliar de la diócesis de Valencia. Ordenado sacerdote en 1993, recibió la consagración episcopal en el año 2016. Dentro del ámbito de la Conferencia Episcopal Española, es desde 2020 presidente de la Subcomisión Episcopal de Juventud e Infancia.

 

Comencemos por el lema de esta Jornada. ¿Cómo pueden los niños alumbrar el mundo por medio de la misión?

Recuerdo las palabras de Jesús: “Dejad que los niños se acerquen a mí”. Me atrevo a decir, con esa inspiración del Maestro: “Dejad que los niños sean lo que son…”. Muchas veces tengo la impresión de que queremos y pretendemos comportamientos y actitudes adultas en los niños y niñas. No puede ser. Me emociona verles jugar, reír, hacer alguna trastada. Es la belleza y la inocencia y la grandeza de la infancia. La misión es preciosa. Los niños alumbran con su luz de ternura nuestros corazones, tantas veces endurecidos y envejecidos. Quisiera poder gritarle a este mundo: “Dejad que los niños sean felices; su alegría contagiosa es la misma presencia de Jesús”.

Jerusalén es escenario de dos importantes acontecimientos en la niñez de Jesús: su Presentación y su visita al templo a los doce años. ¿Cómo resumiría el significado misionero de estos pasajes?

Al acercarnos a estos dos momentos de la vida de Jesús no podemos dejar de contemplarle acompañado y buscado por María y José. Ellos nos muestran, de una manera tan bella, la inocencia, la humildad, la cercanía, los deseos de agradar a Dios cumpliendo fielmente la costumbre establecida. No debemos olvidar nunca que la misión, por excelencia, es mostrar el rostro de misericordia y ternura del Padre, de Dios.

En 2022 culminamos un recorrido de cuatro años por la infancia del Señor. ¿Por qué es tan importante remitir a ella para educar a los niños en la misión?

¿Se puede entender la misión, el anuncio del Evangelio, sin volver una y otra vez a contemplar el misterio de Belén? La Encarnación, como dice el papa Francisco, es la “revolución de la ternura”. ¿Hemos perdido la emoción de abrazar y llenar de besos la imagen del Niño Jesús? ¿Se nos conmueven las entrañas? Es todo tan grande y tan pequeño, tan pobre y tan desconcertante… “Y Jesús iba creciendo en sabiduría y en gracia”. Educar a nuestros niños es fundamentalmente enseñarles a Jesús, a conocer a Jesús, a sentirse acogidos y amados por Él.

Desde la perspectiva de su tarea en la Subcomisión Episcopal de Juventud e Infancia, ¿qué valores de los niños y adolescentes pueden reforzar y ser reforzados por la misión?

Voy a responder con Christus vivit: “La clarividencia de quien ha sido llamado a ser padre, pastor o guía de los jóvenes consiste en encontrar la pequeña llama que continúa ardiendo, la caña que parece quebrarse, pero que sin embargo todavía no se rompe. Es la capacidad de encontrar caminos donde otros ven solo murallas, es la habilidad de reconocer posibilidades donde otros ven solamente peligros. Así es la mirada de Dios Padre, capaz de valorar y alimentar las semillas de bien sembradas en los corazones de los jóvenes. El corazón de cada joven debe por tanto ser considerado «tierra sagrada», portador de semillas de vida divina, ante quien debemos «descalzarnos» para poder acercarnos y profundizar en el Misterio” (n. 67). Y, más adelante: “Hay que perseverar en el camino de los sueños”. En nombre de Dios, soñemos, por favor… “Los sueños más bellos se conquistan con esperanza, paciencia y empeño” (n. 142). Pues eso.

Usted ha impulsado en su diócesis el centro para menores “Hogar Mare de Déu dels Desemparats i dels Innocents”. ¿Puede haber cierta analogía entre los valores de la misión y el cuidado de niños en riesgo de exclusión social?

“La medida de la grandeza de una sociedad está determinada por la forma en que trata a quien está más necesitado, a quien no tiene más que su pobreza”, dice Francisco. También la medida de nuestra grandeza humana y cristiana vendrá determinada por la respuesta que vayamos dando con nuestra vida práctica a esta pregunta: “¿Qué has hecho con tu hermano?”. “Lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”. Es el “encargo” que nos dejó Jesús: “Que os améis unos a otros, como yo os he amado”. Somos llamados a construir fraternidad a todos los niveles, concretándolo en el hoy de cada día. Entender esto así da lugar a recordar que la alegría, la libertad y el servicio gratuito dan sentido a nuestra vida. Allí, en nuestro Hogar de menores, en sus rostros, veo a Jesús. Allí, cada vez que voy, aprendo más y más del Evangelio.

¿Cuál sería, en definitiva, su mensaje para los niños de cara a esta Jornada?

Primero les pediría que me lo enseñaran ellos a mí, y que me preguntaran cómo puedo y debo ayudarles a ser felices y libres. Y, por supuesto, les animaría, apasionadamente, a conocer más a Jesús y a intentar ser como Él. Como se dice en Fratelli tutti, “todos los creyentes necesitamos reconocer esto: lo primero es el amor, lo que nunca debe estar en riesgo es el amor, el mayor peligro es no amar” (n. 92).

Erick Almache