OMPRESS-TANZANIA (19-01-21) Son 714 niños, desde guardería hasta secundaria, tres religiosas, y una treintena de profesores, así es el colegio de San Carlos en Iringa, Tanzania, al que este año como en años anteriores ha ayudado Infancia Misionera. Pero los números son sólo una imagen muy pobre de esta institución fruto de la labor de las Hermanas de San Carlos Borromeo, que llegaron a Tanzania en 1996, y desde entonces se han dedicado a cuidar a niños y adolescentes para que tuvieran un futuro y esperanza.

Una labor que se hace día a día. De hecho los 6.000 dólares enviados este curso – una suma con la que han podido contar las hermanas año tras año en sus previsiones de gasto – van directamente a costear las necesidades diarias de las chicas y chicos del Colegio San Carlos. Es para la comida y los gastos de libros, para el material escolar. Se busca que no se note la diferencia entre los más pobres y los que tienen un poco más. Todo ello en un ambiente educativo de los mejores que se pueden encontrar en Tanzania, con una educación bilingüe en inglés y kiswahili.

La labor de las hermanas ni mucho menos se reduce a cuidar a los niños en el colegio. Visitan los hogares de los alumnos para implicar a los padres en la educación de sus hijos y conocen a cada familia. Un número importante de niños del San Carlos han nacido fuera del matrimonio y son cuidados por madres solteras, por sus abuelos e incluso por vecinos y amigos. Necesitan un cuidado más cercano.

El colegio se ocupa de los niños enfermos, por lo que hay programas para evitar contagios de malaria, tifus y otras enfermedades. Además está el Sida, contra el que, cuentan las hermanas, siempre hay que estar en guardia. Esos cuidados les han permitido afrontar la pandemia del covid de igual forma, con información, prevención y cuidados, por lo que el lavado de manos varias veces al día no ha sido una novedad. Incluso tienen un programa para cuidar la salud dental de los niños gracias al patrocinio de una famosa marca de dentífrico.

A través del cuidado de la naturaleza les enseñan también el cuidado de los demás. El colegio tiene un ambiente hermoso, con árboles, plantas y jardín, que cuidan entre todos. Los alumnos, con las hermanas y los profesores, visitan los orfanatos y centros de niños discapacitados cercanos, para que no se olviden de que hay mucha gente que los necesita. Uno de los objetivos educativos del colegio es que sean conscientes de que hay pequeños que – no sólo en Tanzania, sino en todo el mundo – viven situaciones incluso peores que las suyas. Por ello, se fomentan los valores de la generosidad, el compartir y el mirar por el otro. Son esos los valores que fomenta la Infancia Misionera, la Obra Pontificia en la que los niños cuidan de los niños, porque como dice su lema de este año, recordando la vida oculta del Niño Jesús en Nazaret: ¡somos familia!