OMPRESS-ESTADOS UNIDOS (25-11-20) Este misionero, agustino recoleto ha fallecido de coronavirus en el Paso, Texas, tras una vida dedicada a servir sus hermanos y a decir la verdad, en todos los lugares a los que la misión le ha llevado: México, Costa Rica, Sierra Leona y Estados Unidos, Era un hombre de Dios y un navarro íntegro.

Nacido en Falces, Navarra, este agustino recoleto, desde su ordenación sacerdotal en 1976, pasó por Chihuahua y México DF, por la Ciudad de los Niños de Costa Rica, por Valladolid y Madrid, y por Sierra Leona, un destino misionero que le marcaría. Allí fue secuestrado, en 1998, por la guerrilla rebelde del momento, junto a tres hermanos de San Juan de Dios y un voluntario. Después estuvo siete años en El Paso, en la frontera de la esperanza y del horror, con los inmigrantes y su dolor. Otra vez tendría la oportunidad de volver a la misión de Sierra Leona, donde vivió los tiempos del Ébola de 2014. Un año después volvía de nuevo a El Paso. Su vida la escribió él mismo en su blog, https://joseluisgarayoa.com/, con entradas que parecen escritas a martillazos. Allí se descubren, con los ojos de este gran misionero, las terribles contradicciones de nuestro mundo y, a la vez, la esperanza de un hombre que lleva la fe en el corazón.

Sus palabras destila la compasión de quien “padece con” de verdad. Cuando vivió el impacto del Ébola en Sierra Leona, y el olvido de tantos hermanos suyos, olvidados del mundo, escribió: “¿Cómo no creer en Dios? ¿Cómo no tener la esperanza de que exista un cielo para quien ya vivió en los infiernos? Sin fe, me volvería loco siendo testigo de tanta muerte absurda y de tanta injusticia. Sin fe, tened por seguro que ya hubiese abandonado. Hoy sé y acepto que no tengo toda la luz, solo la justita para soportar la oscuridad, pero sería absurdo que el árbol negase en invierno la primavera que guarda en sus entrañas”.

En este último periodo en El Paso, frontera con Ciudad Juárez, México, “la zona que a mí me da por llamar el Puente de los Sueños, a pesar que la mayoría de ellos se estrellen contra el muro”, ha seguido siendo voz para los sin voz. Una vida entre su parroquia Little Flower Church dedicada, por supuesto, a la Patrona de las Misiones, la florecilla, Santa Teresa del Niño Jesús, y en la que las actividades caritativas y solidarias eran parte esencial de la celebración de la fe, y su labor en el Processing Center, el centro de detención donde los inmigrantes latinos esperan la autorización para entrar en Estados Unidos o su expulsión…

En una de sus últimas entradas a su blog escribía: “Al final, como alguien dijo una vez, los problemas no tienen tamaño, lo tienen las personas. Hay personas con un corazón tan grande que, cualquier problema, del tamaño que sea, lo ven como una ocasión para ser amable y ayudar a quien vive a su lado”. José Luis Garayoa, un misionero de corazón grande.