OMPRESS-ALBANIA (17-11-20) Ayer celebraba la archidiócesis alemana de Colonia la fiesta del beato Josef Marxen, nacido en la diócesis, sacerdote y misionero en Albania durante diez años hasta su martirio bajo el régimen comunista en 1946. El papa Francisco aprobó el decreto que llevó a su beatificación y a las de los conocidos como “mártires de Albania”, que tuvo lugar el 5 de noviembre de 2016. Se trata de sacerdotes y religiosos que fueron torturados y asesinados desde el 5 de marzo de 1945 hasta el 10 de febrero de 1974. No se trata ni mucho menos de todos los asesinados bajo el régimen comunista albanés, uno de los más duros y asesinos del siglo XX, puesto que fueron muchos los desaparecidos en aquella época de persecución.

Josef Marxen fue el único alemán de esta lista de mártires. Nacido en 1909 en Worringen, en la actualidad ya parte de la ciudad de Colonia, desde que entrara en el noviciado de los misioneros del Verbo Divino, tenía clara su vocación misionera. La particularidad es que se sentía llamado a ir hacia el Este y, de hecho, acabó dejando la congregación para terminar sus estudios sacerdotales en el Instituto Oriental de Munich en 1936. Quería ir como misionero a Rusia, pero el Instituto Oriental tomó la decisión de no enviar más sacerdotes a este país. Fue enviado a Durrës en Albania. Su primer destino fue ser párroco en Perlat, un pueblo enclavado en las montañas del norte del país, cuya población era totalmente católica. Allí, en los cinco años que siguieron, logró acaba con las venganzas de sangre entre familias. Parte de su formación para la misión fue el adquirir conocimientos médicos que, en las remotas montañas albanesas le fueron muy útiles. También se preocupó de la educación de los niños.

De Perlat pasó a ser párroco del pueblo de Juba, cerca de la propia Durrës, y también de los pueblos circundantes donde vivían católicos, ortodoxos y musulmanes. Era 1941, y Alemania e Italia habían invadido Albania, por lo que fue él quien medió entre los ocupantes y la población. Terminada la guerra, los soldados alemanes en retirada le ofrecieron volver con ellos a Alemania. El padre Marxen decidió quedarse con los que ya eran los suyos, sus fieles albaneses. En febrero de 1945 fue arrestado y llevado a Tirana, la capital. Los ancianos de los pueblos de alrededor de Juba, también los ortodoxos y musulmanes, escribieron una carta para lograr su liberación. De nuevo fue arrestado en junio de 1945 y llevado otra vez a Tirana. Pasaría más de un año en prisión, donde fue torturado, hasta ser asesinado a tiros en un bosque cerca de Tirana el 16 de noviembre de 1946. Ayer se cumplieron 74 años de su martirio.