OMPRESS-PERÚ (16-10-18) Desde la diócesis de Zamora llega el testimonio del misionero zamorano Juan Febrero Fernández, sacerdote diocesano perteneciente al Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME). Un testimonio cómo se lleva a cabo el “Cambia el mundo”, el lema del Domund que celebramos este próximo domingo 21 de octubre:

“Fui a misiones por el IEME. Estoy en el Perú desde enero de 1973. Me ordené en el Perú en el año 1975 en la diócesis de Ica. Del 2001 hasta mediados del 2004 estuve en la Animación Misionera del IEME en España.

Después de estar nueve meses en Brasil, regresé de nuevo a Perú a mediados del 2005, a la diócesis de Lurín-Lima Sur, en la Parroquia de San José de Nazaret en el distrito de Villa María del Triunfo, que es como una ciudad de cerca de medio millón de habitantes. En esta parroquia es donde continúo. Llevo en ella 13 años. El próximo año, en el mes de julio son las bodas de plata de la Parroquia. Como ven una Parroquia joven.

Lima se divide en distritos. El distrito de Villa María está al sur, el distrito se divide en zonas, y las zonas en sectores. Yo estoy en la zona de José Carlos Mariátegui, y la parroquia comprende los sectores de Vallecito Bajo y Alto. En total es una población de 24.000 habitantes.

La zona se empezó a poblar a fines de los 60 e inicios de los años 70. Los primeros pobladores son los adultos mayores de ahora, por tanto hay una población significativa adulta, y los hijos han ido ocupando espacio y construyendo el segundo, tercer piso. En los años 80 y 90 a causa del terrorismo en la sierra, se fue ocupando los terrenos con la población desplazada de las zonas de emergencia. La población que tenemos llega de todo el Perú. Por tanto es emigrante.

El crecimiento desordenado, el crecimiento de la población juvenil, la necesidad de tener que trabajar las dos personas del matrimonio para poder dar de comer e ir arreglando la casa poco a poco, la educación de los hijos, la falta de una infraestructura en los barrios, hace que se genere una serie de problemas como son: las pandillas juveniles, el consumo de la droga, la violencia en el hogar, los embarazos en adolescentes, la TBC (tuberculosis)… El Perú es el segundo país, después de Haití, en el número de drogo resistentes: XDR y MDR. El hambre, la falta de trabajo…

En la Parroquia llevamos a cabo tareas sociales que realizamos siempre desde la perspectiva del evangelio, no podemos ser ajenos a la situación del hermano, siguiendo al parábola del Buen Samaritano, la pregunta es clara ¿De quién me hago próximo? Y como nos dice la Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II ‘…Los dolores y sufrimientos del pueblo, sus gozos y esperanzas son nuestros…’. No podemos separar Fe y Vida.

En estos años hemos organizado a los pacientes de TBC, y se ha creado la organización Construyendo Esperanza, tiene reconocimiento oficial y se ha manifestado públicamente reclamando el cumplimiento del reparto de la canasta de alimentos, participa en diferentes eventos de la sociedad civil y del Estado: La mesa temática de lucha contra la pobreza, las OAST (las organizaciones de afectados de TBC).

Desde el 2008 empezamos un trabajo con los jóvenes de las pandillas. Era común el enfrentamiento de las diferentes pandillas. Ante esta situación empezamos a reunirnos con ellos en las esquinas, conversar, acercarnos, ser amigos. Empezamos a organizar campeonatos de fulbito entre pandillas. Hicimos varios campamentos con ellos. Poco a poco fue bajando el enfrentamiento entre ellos y por tanto disminuyendo la violencia callejera. Organizamos una escuela de futbol para los adolescentes como labor preventiva. Trabajamos con dirigentes vecinales, hace cuatro años hemos organizado el colectivo por la Vida y la Convivencia Ciudadana. Es un colectivo de diferentes organizaciones vecinales y municipal con los que estamos trabajando la seguridad ciudadana, el consumo de la droga, que ha aumentado estos años desde niños y adolescentes.

Se trata de hacer de la acción social no un asistencialismo, sino que la gente se organice, se ella la que asuma la dirección. Por eso nuestro objetivo es ayudar a organizarse. La caridad en la iglesia tiene tres dimensiones: asistencial, promocional y política. Nosotros trabajamos, sobre todo, la política y la promocional.

Por otro lado tenemos la problemática de la población del adulto mayor que es significativa, son los primeros pobladores que ya son mayores. Con ellos hemos organizado una asociación del adulto mayor. Se reúnen una vez a la semana para hacer danza, meditamos el evangelio del domingo y organizamos paseos a lo largo del año. Es una labor de acogida, de espacio de encuentro. En  Perú recientemente se está tomando conciencia del adulto mayor, y se empiezan a crear desde el Estado programas para ellos. Se está muy lejos de lo que hay en España. En nuestra diócesis, por ejemplo, sólo tres parroquias tenemos una pastoral para el adulto mayor.

La labor Pastoral es social y catequética. Nuestras catequesis no son ajenas a la realidad, y la labor social va acompañada con la evangelización, y varios de los jóvenes de pandilla han recibido ya los sacramentos. Los colectivos con los que trabajamos lo social te respetan porque eres sacerdote, para ellos es la Iglesia que se acerca. Hay un sentido de lo sagrado que hoy ya no hay en Europa; la Iglesia ha estado muy cercana a la gente desde sus inicios, ha acompañada al pueblo en sus luchas por el agua, colegios, etc.

Desde la humildad, y la lejanía de la familia sigo trabajando para poder contribuir a un cambio en el mundo a mejor”.

 

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