OMPRESS-ROMA (22-10-20) Hoy se celebra la memoria litúrgica de San Juan Pablo II. Fue el 22 de octubre de 1978 cuando comenzaba su Pontificado. Con sus viajes y sus documentos, especialmente la encíclica Redemptoris missio (1990), Juan Pablo II consiguió hacer visible para todos, creyentes y no creyentes, que el Papa es “el primer misionero”. Sus viajes hicieron que la cercanía del Papa llegara a prácticamente todos los países del mundo y las Iglesias locales y jóvenes recibieran el respaldo y el aliento del sucesor de Pedro.

Como detalle de su gran influencia y de su impulso y liderazgo sacerdotal y misionero de San Juan Pablo II, es el gran número de seminarios que, sobre todo en África, llevan su nombre, en muchos casos como recuerdo de uno de sus viajes apostólicos, en los que siempre las vocaciones eran uno de los puntos de su agenda. Son seminarios a los que dedican sus desvelos y las Obras Misionales Pontificias. Obras Pontificias, que son Obras del Papa, como las calificaba él mismo en su encíclica Redemptoris missio. En África llevan el nombre de Juan Pablo II los seminarios de Gitega en Burundi, Goma en Kinshasa y Tshumbé en el Congo, Mpouto en Costa de Marfil, Moundou en Chad, Mahajanga en Madagascar, Ogoja en Nigeria, Lomé en Togo, entre muchos otros. Y, en Asia, el seminario de Bareilly en la India, y de Jakarta y Ruteng en Indonesia. Todos estos seminarios mencionados tienen dos cosas en común: el llamarse “Seminario San Juan Pablo II” y, en consecuencia, el haberse fundado en los últimos 40 años.

Como él mismo dijo en su primera visita a España en la cuna del gran misionero San Francisco Javier: “Sí: en la Iglesia, esencialmente misionera, el Papa se siente el primer misionero y responsable de la acción misionera”. Y añadía, recordando al patrono de las misiones: “Vengo a recoger su espíritu misionero, y a implorar su patrocinio sobre los planes misioneros de mi pontificado”. El Papa Benedicto XVI lo recordaba cuáles fueron “los dos ejes de su vida y su ministerio: la oración y el celo misionero. Juan Pablo II fue un gran contemplativo y un gran apóstol de Cristo”.