Jesús, Sacerdote, Profeta y Rey. El Señor está con sus apóstoles, sus amigos. Encerrado, como nosotros estos días, en aquel lugar, para celebrar aquello para lo que había decidido hacerse uno de nosotros.

Jesús, Sacerdote, que se hace Eucaristía para la salvación de los hombres. Es Sacerdote entregándose en el sacrificio del altar.

Jesús, Profeta, que nos habla del amor de Dios por nosotros y nos pide ser capaces de amarnos unos a otros como Él mismo nos ha amado.

Jesús, Rey, que lava los pies de aquellos sobre los que ha venido a reinar, es decir, a servir.

Los misioneros, como Jesús, sacerdotes, profetas y reyes también por el bautismo. Sacerdotes que entregan su vida por llevar a Jesús, su salvación, a esos lugares donde el nombre de Jesús no sería invocado sin su predicación. Profetas que anuncian el inmenso amor de Dios por cada persona, sin discriminación por causa del color, de la lengua, de la cultura, de la situación personal. Reyes que, a aquellos a quienes han sido enviados, los sirven como a hermanos y sin esperar nada a cambio.

Y tú y yo, sacerdotes, profetas y reyes también por nuestro bautismo: que luchamos cada día por hacer presente a Dios en nuestra vida ordinaria, que queremos dar a conocer su misericordia a quienes el Señor ha puesto en nuestro camino y que, como Él, queremos vivir el amor tierno con los que más sufren.