OMPRESS-KENIA (1-07-20) El Fondo de Emergencia para el Coronavirus de las Obras Misionales Pontificias ayuda a esta diócesis de Kenia a superar los devastadores efectos de las inundaciones, que se suman a la emergencia del coronavirus. La situación de la archidiócesis de Kisumu es compleja. La ciudad que da nombre a la diócesis está a orillas del lago Victoria, y es el principal puerto de Kenia en este inmenso lago del tamaño de Suiza. El 80% de la población de esta archidiócesis vive en sus orillas. Fue a finales de abril cuando comenzaron inundaciones sin precedentes que han obligado a 100.000 familias a abandonar los hogares. El mundo entero, sumido en la pandemia del coronavirus, prestó poca atención a las inundaciones que tuvieron lugar en esta zona de África a finales de abril, pero este desastre natural que ha afectado a muchas partes del país – aunque Kisumu sea la que más lo ha sufrido – no tiene precedentes en la historia de Kenia desde su independencia. Los ríos se desbordaron hasta alcanzar una altura sin precedentes, hubo desplazamientos de tierra y la mayor parte de las familias lo perdieron todo.

La Iglesia de Kisumu pidió ayuda al Fondo de Emergencia Coronavirus de las Obras Misionales Pontificias para mitigar el efecto de esta situación. El destino de las sumas enviadas se destinará a servicios médicos, según las directrices del Equipo de Emergencia y Respuesta de la Diócesis, creado el 1 de mayo para afrontar la situación, formado por personal diocesano y profesionales de la salud y de la asistencia social. A través de los agentes de evangelización, sobre todo de los catequistas y líderes de pequeñas comunidades se ha buscado identificar las necesidades de cada lugar, grupo y persona. Una labor que ha permitido llegar a los más vulnerables, que en este caso han sido los discapacitados y los niños.

Los primeros misioneros llegaron a Kisumu en 1903, liderados por un misionero de Mill Hill, el obispo Henry Hanlon, un religioso de Mill Hill de Manchester. Logró algunos bautismos y ese fue el humilde inicio de esta Iglesia, profundamente africana, que hoy suma 1,8 millones de católicos, con 56 parroquias y más de 2.000 pequeñas comunidades cristianas que viven la fe con fervor. La Iglesia y sus miembros, laicos y clero, han sido siempre un faro al que mirar en tiempos de dificultad. Sus 240 escuelas secundarias y 450 primarias, sus 22 centros de salud, y su universidad con facultad de Ciencias de la Salud, además de sus innumerables centros asistenciales de todo tipo, han sido una verdadera ancla de calma cuando tenían lugar violencias terribles en los países vecinos. Ahora, explican desde la diócesis, la situación es muy compleja. A los “habituales” problemas causados por alta mortalidad de la malaria, el sida, la tuberculosis y otras enfermedades, se suma la terrible situación creada por las inundaciones y la llegada lenta pero inexorable del coronavirus. Las ayudas del Fondo de Emergencia son un respaldo a los esfuerzos que ya realiza esta Iglesia misionera de Kisumu.

El Fondo de Emergencia Extraordinario Covid-19 fue abierto por el Papa Francisco, a través de las Obras Misionales Pontificias (OMP), para sostener el trabajo que la Iglesia misionera realiza en esta crisis mundial. Esta ayuda ya está llegando a las comunidades afectadas en los países de misión a través de las estructuras e instituciones de la Iglesia como esta de Kisumu. Este Fondo es internacional, y cuenta con la capilaridad de Obras Misionales Pontificias, que llega a los territorios de Misión, y sostiene el trabajo de los misioneros y de cada una de las parroquias en estas zonas.