OMPRESS-MADRID (15-01-21) España ocupa el segundo lugar en el ranking de países que más aportan a Infancia Misionera, gracias a la generosidad de tantos niños y adultos con la Jornada de Infancia Misionera que celebramos este domingo 17 de enero y a lo largo de todo el año. España ha enviado en el último ejercicio 2.162.193,92 euros con destino a 39 países de todo el mundo, desde Angola, Mauritania o Namibia en África, hasta Myanmar, Pakistán o Tailandia, en Asia.

El mecanismo es siempre el mismo y comienza con los donativos a favor de los niños del mundo, una vez sumados las Obras Misionales Pontificias de España informan a la Secretaría Internacional de Infancia Misionera de Roma del dinero disponible, y desde allí se va indicando qué proyectos van a ser financiados desde nuestro país. El dinero se envía a través de las nunciaturas, y cada proyecto cuenta con el aval de los obispos locales. Posteriormente, todos los proyectos deben remitir informes de la ejecución de los mismos.

Son ayudas como la que se envía a Madagascar. En la ciudad de Ambatondrazaka, la hermana Luciana Campoleoni y su comunidad de Pequeñas Siervas del Sagrado Corazón de Jesús se desviven por ayudar a los niños de la zona. Se trata de proporcionar comidas y medicamentos. Las hermanas tienen un centro de salud, pero también pagan las tasas escolares, la comida y la ropa de los más desfavorecidos. Por eso, año tras año, Infancia Misionera no puede faltar a la citas con los cientos de niños que cuidan estas religiosas. “Quiero agradecer a Infancia Misionera de España por su ayuda”, dice la hermana Luciana. “Sobre todo en este año de epidemia, nos ha servido para apoyar a familias con grandes dificultades tanto en alimentación como en medicinas”.

La Iglesia promueve las actividades de Infancia Misionera en los colegios y en las catequesis de todos los países del mundo. Con ellas, se pretende educar a los niños en la fe y en la solidaridad misionera, y darles un papel activo en la misión de la Iglesia. No se trata de pedir donativos, se busca que la impronta misionera esté en sus vidas. Que aprendan a seguir a Jesús, a acoger a todos los niños que les rodean, sin diferenciar sexo, raza o religión, a ser sensibles a las injusticias que sufren niños en todo el mundo y a ayudarles con pequeños ahorros, oraciones y gestos.