OMPRESS-HONG KONG (15-07-19) El padre Nicolas de Francqueville es vicario de la Parroquia del Santísimo Redentor, en Hong Kong. Pertenece a las Misiones Extranjeras de París y hace unos días escribía contando cómo, gracias a la famosa caligrafía china, se ha acercado más a la cultura y al pueblo chino. “La misión se sirve de muchos medios; la caligrafía es una puerta de entrada a la cultura china y una excelente manera de llegar a las personas”. Para cada nuevo misionero de las Misiones Extranjeras de París, los primeros tres años son la oportunidad de poner todo su corazón y energía en aprender el idioma y la cultura de su país de misión. Después de poco más de dos años en las universidades de Hong Kong para aprender cantonés, el padre Nicolas cuenta que tuvo “la alegría de continuar este aprendizaje pasando un semestre en una gran ciudad del sur de China. A través de un amigo chino, me pusieron en contacto con una abuela calígrafa que, a petición mía, aceptó enseñarme los fundamentos”. Así aprendió a sostener el pincel, mantenerlo, concentrarse, controlar la respiración y tener siempre un estado de ánimo pacífico.

La caligrafía le gustó mucho y “poco a poco me di cuenta de cómo la caligrafía es una excelente manera de profundizar en la cultura china y en los corazones chinos”. De regreso a Hong Kong y a su parroquia, acudió al centro cultural del vecindario, a una clase de caligrafía, con la consiguiente sorpresa, del profesor y de los demás estudiantes, al ver llegar a un occidental que hablaba chino cantonés. “Cada semana”, explica el misionero, “tenemos nuestras ‘tareas’ y, al comienzo de la clase, las caligrafías se colocan una junto a la otra y el maestro las comenta una a una, brindando aliento y consejos para mejorar un punto u otro”. En la segunda parte de la clase, el profesor les presenta diferentes maestros calígrafos, diversas técnicas y formas de describir, y la importancia del equilibrio, la respiración y la presión que debe ejercer el pincel sobre el papel. Hay que dar vida a la caligrafía. Una hermosa caligrafía debe tener fuerza, vigor, aliento”.

El misionero explica también que hay más de 50 000 caracteres chinos, aunque son suficientes para el lenguaje corriente de 4.000 a 5.000. Casi todos los estudiantes, al comenzar, aprenden la palabra que recoge los ocho tipos de trazos. Es la palabra “eternidad”, 永, yong. Los caracteres forman parte de la vida cotidiana y a cada chino le cuesta años aprenderlos y memorizarlos. Desde la aparición de los teclados y la romanización de los caracteres al pinyin, numerosos chinos ya no saben escribirlos. Por eso, cuando presentan al padre Nicolas a alguien, añaden: “¡Es el que sabe caligrafía!”.

“No era mi primer objetivo”, dice, “pero saber que un extraño puede escribir caracteres y aprender caligrafía, afecta a muchas personas y esta ha sido la oportunidad para nuevos encuentros”. Ahora ofrece versículos del Evangelio y de la Biblia y los ofrece como regalos. En la entrada de la casa de Misiones Extranjeras en Hong Kong, está el texto: “¡Levántate, resplandece!, porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti” (Isaías 60, 1).