OMPRESS-BRASIL (29-01-20) Del 15 al 19 de este mes tuvo lugar en la ciudad brasileña de Planaltina, cerca de Brasilia, el primer Congreso Nacional de Juventud Misionera. Fruto de ese congreso ha sido una carta que expresa el compromiso con la misión de los numerosos jóvenes que asistieron llegados de todo Brasil. El texto, titulado “Siempre en camino, pero nunca sin raíces”, comienza aseverando que, “nosotros, jóvenes, al escuchar la llamada del Papa Francisco, nos reconocemos como Bautizados y Enviados, y hoy nos encontramos como una sola Iglesia, joven y sinodal, con diferentes rostros, personalidades y culturas”.

Juventud Misionera surgió en Brasil hace 15 años y ha ido creando grupos por todo el país, como el nacido en São Gabriel da Cachoeira, Amazonas, el primer grupo de jóvenes misioneros formado por indígenas. Tras estos 15 años, explica la carta, “Juventud Misionera también se ha transformado. Insertados en un cambio de época, somos cada vez más concretos en nuestros propósitos. Audaces e inquietos, estamos seguros de que el Señor permanece con nosotros y que todavía tenemos un largo camino por recorrer, en nuestros grupos y comunidades, un camino que necesita fe y discernimiento, para ir hasta las diversas periferias, superando las barreras que conducen a la exclusión y a la violencia”.

“Asumiendo nuestro bautismo y escuchando al mismo Jesús que nos dice: ‘Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura’ (Mc 16, 15), somos jóvenes misioneros de una Iglesia en salida. Somos una juventud llena de miedos y ansiedades, pero llena también de esperanza y de sueños, que comprende la necesidad de florecer y cruzar las fronteras geográficas, sociales y culturales, para dar testimonio del amor, la paz, la fraternidad y la lucha por una vida digna, para que no nos separen las diferencias, porque todos somos hermanos”.

“Nuestra identidad nos lleva al diálogo, a la escucha y al encuentro del rostro de Cristo en los hermanos que sufren, que están excluidos y marginados, revestidos con Su Luz y Su Vida, siguiendo los pasos de Paulina Jaricot, fundadora de la Obra Pontificia de Propagación de la Fe, a la que pertenecemos. Como prioridad, reafirmamos nuestro compromiso con una mayor inclusión y respeto por las diferencias, estando dispuestos a estar abiertos a todas las personas, especialmente a aquellos que sufren prejuicios y exclusión. Buscamos fomentar el debate, aportando iniciativas a los temas más relevantes para los jóvenes en la Iglesia y en la sociedad. Durante los próximos tres años, profundizaremos aún más en la Palabra de Dios y el discernimiento, el servicio y el testimonio, para celebrar los 200 años de la Obra de la Propagación de la Fe y los 100 años de las Obras Misionales Pontificias”.

“Dios enciende estrellas para nosotros, para que podamos seguir caminando (Christus vivit). Nuestro llamamiento a ser joven misionero en todos los ámbitos, dispuestos a partir hacia tierras sedientas de vida en abundancia, y darnos cuenta de que la vida se alcanza y madura a medida que se entrega para dar vida a los demás. Esta es definitivamente la misión. Al reflexionar sobre todo esto, nos sentimos obligados a asumir un papel de liderazgo en el cambio de las realidades, reconociéndonos a nosotros mismos como misioneros en nuestra tierra y Ad Gentes”.

“Que el sí de María aliente el nuestro, y que Santa Teresita y San Francisco Javier sean intercesores en nuestra vivencia del Misterio de la Voluntad de Dios. ¡Jóvenes misioneros, siempre solidarios!”.